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lunes, 3 de marzo de 2014

Soneto a una mujer que ama demasiado.









¿Por qué mujer, apasionada y tierna,
sufres el terco engaño de la presa en el lazo,
y yaces lacerada de angustia en el acaso
y expones tu candor de luna eterna?

¿Por qué lloras de amor en la fraterna
proximidad del alba y el ocaso
recuerdas compungida a cada paso?
Pierdes pavesas de tu hoguera interna.

El calor está en ti, tu luz te externa,
te hace deseable y viva, perla el raso
que te viste de flor y una cisterna

de sorprendidas aguas torna escaso
el influjo de sombras y gobierna
un promisorio sino sin fracaso.

Amilcar Luis Blanco