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martes, 4 de marzo de 2014

Hay noches





Hay noches, dueña mía, en que abres los velos
del altar palpitante  que bajo el atalaya
de tu boscoso pubis guarda anhelos,
desde donde tu entendimiento se desmaya
y te deja a merced de mis consuelos.

Hay noches, mi señora, de vástago membrudo
inflamado del énfasis venéreo.
Contactan nuestros poros erizados y mudos
y nos habla la sangre  en un zumbido etéreo.
Soy zángano sediento,  gime tu celo agudo.

Tienes noches hambrientas de loba cortesana
echada en lienzos y temperaturas
frías, tibias, ardientes, en que tu sed pagana
bebe a sorbos licores, surtos por tus locuras
hurgadas en mi cuerpo en furiosa nirvana.

Evocas sementales y se erizan las cumbres
de las turgentes faldas que alzan tus suspiros;
mis ojos en tus ojos para que los alumbres;
nuestros sexos unidos en vaivenes y giros
al flanco de los cuales desmayan muchedumbres.

Hay noches, no son todas. El alba nos desviste
y quedamos exhaustos después de la tenida.
Después de la batalla de ansiedades embiste
el toro de la calma y el caudal de la vida
nos toma en la verónica total de lo que existe.

Amílcar Luis Blanco ("Majas en el balcón" por Francisco de Goya y Lucientes)