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viernes, 28 de marzo de 2014

Amor (Para mis hijos Julián y Germán, ahora padres)




Cada hijo lucha dentro de cada padre porque duele,
porque quiere salvarlo y viceversa.
Mientras tanto la hojarasca gime bajo el peso del viento.
Los árboles se inclinan como monjes en rezo.
La palidez acude a los espejos
y en el centro del río las palabras se hacen abrevaderos de palabras.
La infamia nos sacude y hace flamear sus banderas de intemperancia
sin que nos demos cuenta que el espacio sucede y que el tiempo sucede
y se arroja brioso en los ocasos
pero se hunde en nosotros nos traspasa nos va de a poco en aros diluyendo.

Los amantes se arrojan sobre sus cuerpos sorprendidos.
El día quiere a cada tramo salirse de su eje,
desmontarse del silencio central en el que apoya sus brazos de distancia
y se piensa reloj, se imagina planeta porque quiere estirarse en la galaxia,
como el ama de casa entrada en años que visita gimnasios, galerías de moda,
o el hombre sesentón se acicala y va al club y se finge ganoso para que la muerte no lo mire
y mientras tanto sienten y no lo dicen lo siguiente, que:
es difícil amarse en la deriva de las horas,
cuando se enciende el leño del silencio en el horizonte y otro día de nuevo y como siempre
se cae desde sí mismo y deja en el comienzo de las sombras su orilla de relente.
Es difícil amar lo que envejece y palpar y ver la opaca obsolescencia
apoderándose de ternuras, de útiles herramientas objetos hasta hacerlos inanes
o imanes si se quiere del hechizo que nos mantiene a tientas y en suspenso.

Pero aunque esto suceda y deje el alma a la intemperie al descubierto
y claven alfileres los segundos sobre nuestro diapazón de tolerancia
y los ruidos del día las bocinas los claxons hagan saltar las cuerdas en los violines
destrocen las guitarras, galvanicen los saxos, las trompetas, los fagots, los oboes.
Avancen como máquinas o trenes adentro de los miedos guardados en cajitas o en espejos
y estallen las materias y las claras ausencias los cristales aún y hasta las rosas.
Aunque esto ocurra a mares como dije y nos vayan gastando las ausencias,
unos dentro de otros entre prójimos adentro de nosotros sin paz y sin cuartel
luchamos batallamos y queremos salvarnos.

Amilcar Luis Blanco  (Pintura de Margarita Sikorskaia)