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miércoles, 24 de marzo de 2021

EL ENCUENTRO



 ¿Dónde estará la luz, dónde el sentido

y dónde la promesa de encontrarnos

para volver de nuevo a enamorarnos

y olvidarnos incluso del olvido?


Porque hubo eternidad, hubo estallido

de eternidad tan sólo con mirarnos.

El tiempo se detuvo al encontrarnos

y quedó en su transcurso malherido.


Como si vos y yo desde un pasado

a este presente hubiésemos llegado

desde la eternidad a nuestras vidas


para curar con nuestro amor heridas

y darnos la alegría y el cuidado

sin adioses ni crueles despedidas.


Amílcar Luis Blanco (Pintura: "La belleza del día - Los amantes", oleo sobre tela de Rene Magritte)

lunes, 30 de noviembre de 2020

El amor imposible






Pienso en ella sentada y en su belleza rubia.

En su mirar eterno a través de una puerta.

Ella encerrada y tibia, tras la menuda lluvia,

cautiva en su deseo de amar y mar abierta.


Estoy viendo sus ojos, copiosos de distancias,

pero de frente adentro, copiosos de tristezas

Y la veo ocupada en menudas destrezas

que no colman las cumbres ardientes de sus ansias.


Pienso en la soledad  que  nos abarca, como si nos hablara

y nos dijera nunca con firme voz de viento,

en esa soledad antigua y clara, de  diáfano escarmiento,


que nos da el espejismo de un amor imposible y en la rara

sensación de estar vivo y a la vez de haber muerto,

y pese a no haber sido, en la ilusión de verlo  cara a cara.


Amilcar Luis Blanco (Fotografía de Michelle Pfeiffer)



sábado, 14 de noviembre de 2020

SONIDOS Y SILENCIOS



 Hoy estuve saliendo como de una campana.

 En realidad  desde una orilla de campana.

 De su abierto sonido,  su tañer y su eco.

 Y comencé a rebotar en raudas lejanías y contra paredes,

contra cantos, contra articulaciones de ciudad. 

Y rebotaba y me caía cuando golpeaba en los silencios.

Los silencios dibujan los días y  las noches.

Limitan los sonidos y golpean los ruidos

o los dejan entrar en sus densidades hasta donde les parece. 

Es hermoso rebotar en silencios.

Hamacarse en silencios hasta morir de nuncas. 

Hasta sentir suaves dolores en la nuca y el pulso en las sienes.

Sólo en las sienes, sólo en la nuca, sólo en los nuncas.


Amílcar Luis Blanco ("El sonido del silencio", Oleo sobre lienzo de Yury Fomichev)

AMOR Y DOLOR




 ¡Qué cerca estás, qué cerca, pero también qué lejos!

Ya no puedo aunque quiera quitarte de mi vida

porque tus ojos pardos me observan sin medida

y los veo mirarme en multitud de espejos.


¡Qué vidas nuestras vidas, vertidas en reflejos!

Viajando hacia las sombras y hacia la despedida

amándose y doliéndose al correr de una herida

abierta tras los muros de nuestros entrecejos.


El amor nos mantiene. Su salario es de luces,

de voces y de ruidos y pájaros y cruces

despierta nuestros días, rutinas y trabajos.


Es el motor que zumba y mueve nuestros brazos,

El corazón nutriente hasta el caer de bruces

en la materna sombra que librará los lazos.


Amílcar Luis Blanco ("Amor y dolor", oleo sobre tela de Edward Munch)

martes, 22 de septiembre de 2020

ARTE POÉTICA



 Descomponer la realidad

en sus elementos más simples

-me dijiste

¿ Te dije?

- Sí.

Ir a la verdulería

con Eliot a su hora violeta

y buscar, inocentemente,

una hortaliza que se le parezca

- me dijiste.

Y también: "Nel mezzo dil cammin di nostra vita"

Tener "la misma sed ausente, la misma fiebre fría"

que Neruda - me dijiste.

O responder como lo hizo Becquer:

"Poesía eres tú".

Pero todo con ritmo escasamente audible

- me dijiste.

Todo armoniosamente

. me insististe,

como Perón dijo que Plutarco dijo.

O con honda belleza me dijiste.

Como  cuando Hernández

"le dijo a Cruz"- que le dijera-

"que mirara las últimas poblaciones

y a Fierro dos lagrimones

le rodaron por la cara".

Finalmente hervir la desventura

y servirla en un plato sin mañana.


Amílcar Luis Blanco (Pintura de Fermín Eguía)

sábado, 5 de septiembre de 2020

Nuestras ilusiones



Fermín Eguía





Recuerdo que estuvimos entre cielos de algodones

naciendo nuevamente

pero sin advertirlo del todo

porque nuestras ilusiones nos llevaban

a otros lugares.

Es decir, nos corrían los sitios;

esos carreteles del destino

desparramándolos insidiosos;

madejas o racimos o archipiélagos,

lujos de los latidos ardiendo en nuestras sienes.


Recuerdo que los viajes nos llevaban lejos.

Trenes, automóviles, atravesaban horizontes

y calcaban paisajes  en nuestras retinas absortas.

Mientras saboreábamos gaseosas,

masticábamos alfajores

o escuchábamos la radio

ahitos, hartos, 

bostezábamos circunstancias

sin haberlas paladeado jamás.


Había una vida posible

sin marcianos al hombro.

Un verano infinito

de mar, laguna, río o mieses,

sagrados navegantes

en yates de lujo

los recorríamos dormidos o despiertos.


La vida estaba en otra parte,

casi siempre en otra parte.

Nuestros ojos inquietos recorren los rincones

todavía,

buscan en las mañanas o en las tardes

algo que los contenga sin salida

en ese extraño nacimiento 

entre aquél cielo de algodones.


Amílcar Luis Blanco (Pintura de Fermín Eguía)





Nosotros, los otros.


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Alguna vez nos hemos visto.

Alguna vez nos hemos encontrado.

En mitad de la noche

o en los fárragos del día

cuando y donde todo se tramita

de modo articulado

o disparatadamente,

paseando por las plazas o las calles.

Alguna vez nos hemos visto las miradas

y pasamos de largo

casi sin advertirnos

pero llevando cada uno

la estela del otro.

Una orilla de fantasma,

el orillo del vestido o la pollera,

el dobladillo de la bocamanga,

Alguna vez las dudas

como mariposas oscuras,

parpadeos,

nos rozaron la calma

las sospechas

de ser otros, 

nosotros.


Amílcar Luis Blanco