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miércoles, 22 de febrero de 2012

ECO Y NARCISO


Eco y Narciso calurosamente de la foresta exigen sus favores,
se prodigan, caminan, enamoran sus ojos y a sus blancas mejillas
como a encendidos pétalos dan purpúreos  rubores,
sonríen y hacen leves los juncos y las aguas, las hierbas y  las flores.
Pero un día nefasto las aguas se levantan oscuras y amarillas
y ahogan a Narciso
y, apagado su hechizo,
también Eco, terminante en su tristeza,
languidece, se muere y sólo vibra ilesa,
sobre un montón de huesos, invisible y atroz,
el lamento incorpóreo y eterno de su voz.

Amílcar Luis Blanco (Pintura de John William Waterhouse, "Eco y Narciso)