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lunes, 20 de enero de 2014

ESPERANZA


















Esperanzas de cielos y silencios
donde sólo hay esperas
en vísperas de manos aspirando a otras manos
y encontrando nudosos puños de álgidas penas,
de los que están vencidos y seriales
convertidos en números y letras, ausentes de sí mismos,
pero se intuyen siempre en el ubicuo miedo transparente
cuando la madrugada se acuesta entre las soledades
y les toca los cuerpos con sus tactos lascivos.

Esa añosa esperanza de lo que nunca llega,
de lo que nunca llega y se propaga
como la peste negra o la tuberculosis o el deseo,
el modesto deseo de aquél que nada tiene
y que puebla la tierra como la marabunta
y fastidia al burócrata y al necio y crece sin embargo
como la enredadera al abrigo del muro
o la ardiente lujuria que repta en la intemperie.

¡Ay, la esperanza, valva abierta en el centro de la nada,
walkyria de las guerras de estertores postreros!
Nadie hay que te contenga y de todos desbordas
derramándote líquida y roja como la sangre;
tinta para pinceles que pintan las desgracias
y establecen temores entre los nomeolvides.
Toda esperanza tiene una razón de sueño,
un alarde espectral de la utopía cuando relampaguea
y ese color, el verde, la pradera, alimentando el ansia,
la luz,  lo que se espera de toda primavera.
Uno llora en los márgenes del tiempo.
Uno siempre se enferma de esperanza.

Amilcar Luis Blanco  (Sandro Boticelli "La Primavera")