Caigo de mi razón para perderme.
Nadie sabe en qué sitios
el suelo está minado
y camino entre zanjas y trincheras
despejando los hálitos del fuego.
En el peligro siempre inexplorado
me interno cada noche
cuando mi entendimiento suelta sus amarras
y el bajel de los deseos se aventura
abriéndole escotillas a la espera.
Soñar es casi estar despierto
en el centro del infinito,
en el mar de la aguda incertidumbre;
olas de angustia en cielos de metralla
y ojos laterales como los del lagarto.
Y por momentos, mi soledad
asume el cuerpo de un gigante
y pisa los terrones lacustres de las dudas
sobrepuja cordilleras
y humedece entre nubes su pudor de centauro.
Amilcar Luis Blanco ("El coloso" pintura de Goya)
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