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miércoles, 29 de abril de 2015

DEPRESIÓN



Se sienten mal la luna, el agua clara,
la defunción sangrienta del sol en el ocaso,
cuando abismos abiertos nos muerden cada paso
nos persiguen y  retan y restan y separan.

Nos caen las alegrías del cuerpo y de la cara.
Despeñan hacia dentro. Ni un silente retazo
de sonrisa nos queda y aún el vino en el vaso
compone gota a gota una funesta tiara.

Eso porque sabemos que morimos y el trazo
de la cima y el filo de la hoz nos depara
un seguro regreso al polvo y al fracaso.

Entonces la tristeza vacua nos acapara.
Nos desluce y opaca en su sombrío abrazo
y los demás nos borran como a persona ignara.

Amilcar Luis Blanco ("À la porte de l'éternité", de Vincent Van Gogh, 1890.)

lunes, 27 de abril de 2015

VULCANO





"Tuve un sueño, que no fue un sueño.
El sol se había extinguido y las estrellas
vagaban a oscuras en el espacio eterno.
Sin luz y sin rumbo, la helada tierra
oscilaba ciega y negra en el cielo sin luna.
Llegó el alba y se fue.
Y llegó de nuevo, sin traer el día.
Y el hombre olvidó sus pasiones 
en el abismo de su desolación.(…)"


Lord Byron

Esa boca de fuego de la tierra.
Esa fragua ardorosa de Vulcano.
Esos regurgitares de una hoguera
que no digiere ni siquiera el agua
de los vastos océanos.

Ese dolor y miedo condensado
haciéndose partículas
cayendo
desde la entraña ígnea del planeta  
en una pesadilla.-

La gente en soledades absolutas,
vistiéndose de escalofrío,
fuego y sombra
y temblando y huyendo,
con las sangres caídas
y raídas
hacia el sur de sus cuerpos.


Hefestos siempre.
Vesubio o el Calbuco,
o el terrible Tambora,
con cristales de lava y roca derretida,
y pesadas cenizas. 
Pompeya y Herculano
en el siglo primero.
Pero también Lumbok, 
también Sumbawa
en el décimo nono.
La grisácea tristeza convertida,
en llanto seco y rojo 
de desesperaciones.
En Puerto Octay, Llankihue y Ensenada,
en Bariloche o Villa La Angostura.

Ese dolor y miedo condensado
en piedras, en arenas,
hechas fuego,
sobre gritos, silencios,
amores y pobrezas,
riquezas y humildades
de cabezas y cuerpos;
materias tras materias,
objetos tras objetos
en mares piroclásticos de polvo.

Esos trozos de angustia,
pedernales de lástima,
llantos de los granitos
y del hierro partido por la nieve
y la ardorosa fragua de Vulcano
obliterando cielos y tormentas
convirtiendo en espectros y fantamas
multitudes de almas,
abandonándolas, corriéndolas,
hacia los inviernos de la nada.

Esos polvos callados que conciernen
a nuestro ser y suelen regresarnos
a inorgánicas suertes minerales
para yacer de nuevo convertidos
en anfractuosos, mínimos cristales.
Los flujos piroclásticos esculpiendo las ansias.
Materias tras materias tras materias,
objetos tras objetos tras objetos.

Amilcar Luis Blanco  ("Erupción del Tambora en 1815)

viernes, 24 de abril de 2015

REALISMO




Hay que agarrar la carne,
la mujer,
el mundo,
con las manos.

Y si es posible el tiempo con las manos.

Dejar correr el agua de los días
sobre el torso desnudo.
Meter las piernas en el barro
y el cerebro y los nervios en ilusiones
de tensa intensidad y alto voltaje.

Hay que jugar el cuerpo
en la matriz del mundo,
aún cuando se pinta,
aún cuando se escribe,
aún cuando se sueña.
Tiznarse con hollines y con tizas
de todos los colores
de modo tal que el cuerpo salga,
la pintura salga,
la escritura salga,
el alma, el sueño, 
salgan.

Y si es posible desnudar el alma
y ponerla en palotes.
En la negrura real del cosmos estrellado
y desde la virtualidad de nuestros dedos.

Amílcar Luis Blanco  (Oleo sobre lienzo de Marta Penter)

jueves, 23 de abril de 2015

NUESTRAS COMPAÑÍAS




¿Dónde están más cercanos tu corazón y el mío,
en qué lugar  asientan su lento desvarío?
Porque indudablemente somos seres plurales,
seres vagos y opuestos, conscientes, ancestrales?

Después de nuestros miedos y nuestras diferencias, 
¿por qué sentirnos igualmente amados?,
si pese a todas las desavenencias
nos tenemos por varios, extensos, cincelados,
igualmente gregarios y agarrados
en intenso sentido.

Como si nuestras manos hubieran recorrido
curvas,  ángulos, muertes, mil vidas en su vuelo
para ungir mil heridas con material de cielo,
y hasta en vapores  suaves nuestras untuosas palmas
hayan acariciado  multitudes de almas.

Entretanto los seres de los que estoy maltrecho,
sufrientes muchedumbres bajo puentes y halcones,
huyendo de las sombras abren tu fiel barbecho
en  deslices de amores  regazos y canciones,
hasta que al fin los llames a un silencio de  sabios;
cuando pongas el índice  en mitad de tus labios.

Compañías acceden al fulgor de las mías,
entusiasman mis horas de aguas y de auroras.
Dan tibiezas de alba, primaveral, de frondas,
para aspirar a fondo las brisas y sus ondas.

Y junto a vos, a mí, mis seres bien se acogen
a un abrigo desnudo y estirando los brazos,
mirándose, mirándonos, se abren, se recogen,
alrededor y en torno de nuestros propios lazos.

Tus compañías tienen la luz de la ternura,
aunque se alejen ciegas, a copiosa distancia,
porque regresan siempre hechas lluvia y albura
a darme claridades de agua, sol y fragancia.

Mis compañías en fin, tus compañías,
asociadas, las tuyas con las mías,
consumen igual tiempo mortal,
ordenan mundos, vidas, afanes, bien y mal
y nos desequilibran  cada paso
y a vos misma y los tuyos,  cada ocaso.
Son las cuerdas tensadas por nuestro mutuo brío
que tienen como puntas tu corazón y el mío.

Amilcar Luis Blanco  (Pintura de Gustav Klimt)

martes, 21 de abril de 2015

SIN CESAR





















Sin cesar,
en el cielo y en la tierra,
ejercemos la luz y la paciencia
que luce igual al heno en los pesebres,
o al agua de los lagos,
espejos de las noches y los días.

Sin cesar,
mientras atravesamos el tiempo 
en trenes, colectivos o zapatos,
debemos elegirnos,
discernirnos, como buenos o malos,
elegir, elegirnos,
tocar las teclas del misterio 
con nuestras propias manos
como se tocan sin cesar los pianos.

Sin cesar, sin cuartel,
en los desiertos y ciudades,
en negocios y calles,
automóviles, bares, galerías,
saliendo en nuestras voces,
conversando, gritando o exclamando,
caminando,  sentados o parados,
sin ensayar los gestos
y sin haber pensado todavía.

Y sin haber pensado
o pensado muy poco.
También porque pensar tampoco cesa.
Es mundo en movimiento hacia la nada
y como es éso qué mas da
si su transcurso va despacio,
en carrera veloz o paso a paso.
Sin cesar, sin cuartel, a no se dónde.



Amílcar Luis Blanco ("El boulevard St. Denis en Paris a fines del siglo XIX", oleo sobre tela de Jean Beraud  Thomas Hart Benton (American, 1889–1975). Actividades de la ciudad con salón de baile, de America Today, 1930–31. Diez paneles: pintura al temple y temple de huevo sobre lino y yeso con barniz de aceite. The Metropolitan Museum of Art, Nueva York, Donación de AXA Equitable [2012])

viernes, 17 de abril de 2015

La Vida Breve (Manuel de Falla)

Paco de Lucia Tico-Tico-completo-by Daniel Vilas Boas-Paco de Lucia Tico...

Waldir Azevedo - Delicado (1950)

TUS AUSENCIAS (A Johanna, in memoriam)



"Los años se nos echan encima
como los balcones de una casa en ruinas . . . "
Mayte Dalianegra  (De su poema "Los años")

Pólvora de tus pasos
sobre  césped y arenas;
en la desierta casa.
Regueros que aun perfumas,
donde  el fervor
azul de tu esperanza
se desplazó contigo
y ocupó los espacios.

En todos esos sitios
estallan tus ausencias
y se abren los silencios
para oír, ver tus risas,
las palabras surtidas
por la ingenua inocencia
de la fuente de tu alma
vestida de muchacha.

En todos esos sitios
que tus ojos oscuros
eligieron cayendo
sobre las apariencias y los días
para evitar los cuerpos y las sombras
de tu azarosa infancia;
ese abismo invisible e insondable
de adioses y de adioses y de adioses.

Cabes en un vacío casi astral,
un silencio
donde todo reside,
donde todo se siente.
Aunque el alrededor lo llene de palabras
lo colme de bochinches y de ruidos
y músicas y risas y esporádicos llantos.
Estás en tus ausencias, 
ausencias entre adioses
que se irán apagando.

Amilcar Luis Blanco.

miércoles, 15 de abril de 2015

"PALABRA POR PALABRA" a Eduardo Galeano "In memoriam"





Las grandes paradojas nos convierten,
nos soslayan, desnudan y combinan:
la realidad, el límite del pobre,
y el mandato mordaz, del mentiroso,
que manda consumir, nos usa y necesita.-

Las grandes paradojas nos distancian,
nos dan alas de cóndor, músculos de caballo,
ojos de puma, cielos, elegancias,
esas que te poblaban las palabras
y los nervios y aceros de tu pulida calma.

Y como pobre caigo junto a los de mi sino
en  áridos combates de imposible equilibrio,
y en tanto tan voraces como tontos
nos dejamos comer por los que nutren
con nuestra estupidez sus barriles sin fondos.-

Y ésto, Maestro, vos nos lo dijiste,
nos mostraste las venas bien abiertas
de América Latina, el negocio mendaz
de los mendaces desde Minas Gerais
a los monocultivos, de Cuba y  Nicaragua.

Basta de conceder, basta de concedernos,
de entregarnos sin fin, sufrientes, sometidos.
De dejar que los buitres se nos metan
entre las entretelas del cansancio y el miedo,
en las propias estrellas de indios y latinos.

Hoy te llora la América Latina,
el pueblo, el torbellino de sus razas.
Y estalla en pocos miedos tu gigantesca ausencia
Vuelve la pulcritud del genio de tu verba
a herir la estolidez de hartas hipocresías.

La esperanza del pueblo nunca muere.
No hay dictador que pueda controlarla
y aun cuando tu cuerpo se haya ido
nos seguirán tus frases, la claridad que le abren
palabra por palabra al lábil horizonte;
golpes de luz, palabra por palabra.

Amilcar Luis Blanco 
.


martes, 14 de abril de 2015

ATEMPORAL





Estar solo, sentado en el silencio,
en su franja de aurora,
en un tiempo desnudo que presencio,
fuera de su segundo y de su hora.

Ser, excluido del fatal torrente,
cernido en la ciudad y en el espacio,
nubes, cielo y claror, todo presente;
ajeno yo, impertérrito, reacio.

Pero saber que es tiempo el que me escancia
aunque pueda atisbarlo cual la copa
que inclina su fatídica sustancia
cada vez que me vierte y se desboca.

Tiempo que fluye con fragor y gasta
seres amados como yo, latientes,
que sumarán sus cuerpos a la vasta
tiniebla que los haga transparentes.-



Amílcar Luis Blanco (Pintura “Morning sun” de Edward Hopper)

domingo, 12 de abril de 2015

ARES Y AFRODITA..



Lidiaste junto al alba del mas divino gozo,
en brazos de Afrodita, Ares, recio guerrero.
Y en los tiernos combates al quejumbroso herrero
le robaste  la dama y  lujuria en tu acoso.

Mas, ¿cómo no robarle? si al quitar su rebozo
la sonriente hembra diosa soldó tu amor y esmero
por hacerla dichosa al venéreo venero
de su índole lasciva y a tu guerrear fogoso.

¿Cómo no amar el cuerpo de adúltera doncella
que Afrodita te ofrece rendida y anhelante,
si te observa celosa y su lúbrica estrella

bruñe de luz tus hombros, tu lupino semblante
y sus muslos se apoyan en la fibrosa huella
que a tu torso le traza tu lidiar arrogante?

Amilcar Luis Blanco (Detalle de Venus y Vulcano por Bartholomeus Spranger)

sábado, 11 de abril de 2015

DESEO FEROZ





De tus melados ojos en la región umbría
siento caer mis manos en tus flancos de fiera,
en tus llameantes nalgas de lasciva pantera
porque un volcán me crece, una ebriedad sombría.

Un torrente de fuego que tu mirada guía
se transmite a mi sangre de salvaje manera;
un deseo violento de quebrar la frontera
que mantiene a tu cuerpo en ardua lejanía.

Ese deseo arde y fermenta en la espera
persigue tu fantasma en la onírica vía
de un celo sin destino ni concreta valía.

Al no poder tomarte su fiebre desespera,
y hecho manos te toma por tu cada cadera,
te empuja y te penetra feroz y desvaría. 

Amilcar Luis Blanco (Pintura de Pablo Smith)

jueves, 9 de abril de 2015

TU CLARIDAD




La claridad te inunda,
parece que surgiera
de tu cuerpo profundo.

Y tiene  desmesura y transparencia.
Parto de  luz alrededor te ciñe
en el aire desnudo que palpita.

Recién nacida y entre ardores de oro
que circulando aviesos y voraces
sobre tu piel esfuman lo sombrío.

No hay sombras ya.
En el regazo de los sueños
tu claridad estalla.

Amilcar Luis Blanco  ("Uma mulher sentada em uma cama de ouro"
Yoo Choong Yeul Artóleo sobre tela)

Charly García - Los Dinosaurios / Unplugged [HQ]



LOS DINOSAURIOS




Venía el cortejo de crujientes saurios
y los dinosaurios
fumaban,
bebían
comían
y siempre engordaban.

A costillas tuyas,
a costillas mías
explotaban puyas
cuerpos y hasta orgías.
Compraban conciencias,
bebés, los robaban
y ejercían ciencias
y nos torturaban.

Y después mentían,
se metían
dentro
de su hipocrecía
y se disfrazaban
de gentes de centro.

Y todos de gente de bien disfrazados
para los trabajos,callados, mafiosos,
empleaban siempre los uniformados
y los acusaban después de asquerosos.-

Pero aparecían,
siempre aparecían,
con sus cueros duros y sus voces roncas
desde sus rencores,
sus miedos, sus broncas,
y sus resquemores.

Desde los discursos
y los diarios guías
y hoy en los recursos
y las policías.

Los dinos de siempre,
los dinos, los saurios,
juntan en diciembre,
sus aniversarios

Y aún cuando aparenten
estar en museos
siempre se aparecen
disfrazados siempre
como camafeos.-

Amilcar Luis Blanco




























lunes, 6 de abril de 2015

APARIENCIAS


pintura-corporal-luz-negra-01


Y nadie que saliera a defender el cielo,
cielo que se extendía dentro de tu cintura
y poblaba la avidez del relámpago
y encendía tu espalda y tus caderas,
podría no haberse quedado
dentro del horizonte de tu cuerpo.

Podría no haberse cubierto, ni abrigarse,
dentro de ese volumen de intemperie
y así sentir que el infinito cabe
en el átomo mínimo del sueño;
desmesurada especie de lo ignoto
en la composición ficticia de una imagen.

Porque no tiene pausa todo lo que observamos,
carece de medida y se deslinda
y a la vez se deshace y evapora
mientras nuestras percepciones lo persiguen.
Solo hay formas melifluas, envolventes;
volutas hechas de humo y esperanzas.

Amilcar Luis Blanco ("La belleza de la figura femenina como lienzo bajo luz negra" por John Poppleton)



viernes, 3 de abril de 2015

CIUDAD SOLA






















Cuántas sílabas rotas,
cuánta mudez
sobre el gris empedrado.

Cuánta vejez
y lágrimas ignotas
vertidas  en ubérrimo pasado.

Quisiera un mar 
que penetrara esta chatura,
bordes acantilados.

En un abierto bar
una cintura
de mujer
y palabras, naipes,  dados.

Hombros en argamasas,
tejados hechos testas
cubos, planos, aristas.

Y ruidos de billares y de platos y tazas,
de quinielas, de sumas y de restas
y labios y miradas y conquistas.

Quisiera un viento
hecho de sal y canto
que interrumpiera la monotonía.

Brillos de luz y agua en el cemento
risas, trémulos llantos,
sonidos en vibrante sinfonía.

Un caminar puntea,
acompasando su tamborileo
en la noche callada.

Una flor se marea
y alrededor propaga su mareo
como un girar de espada.

Quisiera tempestades
sacudiendo la sombra
para poblar de gritos el mutismo.

Se iluminen rincones y oquedades
y  que un vuelo de alfombras
se alce triunfal desde cualquier abismo.

Antigüedad de voces apagadas
y pasos sobre el suelo ceniciento.
Ronquera de horizonte.

Rutilantes estrellas, cinceladas,
gemas en el violáceo firmamento.
Lejana la frontera de Caronte.

Quisiera a Poseidón
blandiendo su tridente;
puliéndola en el celo de su magia.

Y aseste en un torreón
al mar de su edilicia frente
la urbana intensidad que se contagia  

Y veo en cambio celosías cerradas;
sin miradas de espera
saliendo hacia la calle.

Intrigas quiero en cambio, solapadas,
detrás de los visillos de madera
espiándose voraces y al detalle.

Deseo la ciudad en movimiento
con sus luces ardientes,
palpitante y desnuda.

Voluble, acariciada por el viento
en todas sus porciones emolientes,
audaz, lúbrica y ruda.

No edificada en sombras y bloques de fracaso.
No ofrecida al embate acucioso, letal, de la rutina
No entregada jamás, fatal, hacia un ocaso
 que con su cirio alumbre  senectudes de ruina.



Amílcar Luis Blanco  ("Paisaje urbano" pintura de Mario Sironi)

miércoles, 1 de abril de 2015

ESPERA











Estoy solo
¿Sabés?
Sin un céntimo de alma en mi cordura.

Pero espero.
Los febreros se cierran
y los marzos y abriles.

Veo sólo esperanzas en los puentes.
Poco a poco
los días regresan como las mareas.

Ropas tendidas al viento
pintan brazos y torsos
y piernas y cinturas.

Promesas de cuerpos desnudos
cruzan las palabras.
Y recluido escribo sin mis manos.

La araña del silencio
se posa suavemente
sobre la planicie fosforecente de los nervios.

Amilcar Luis Blanco  (Pintura de Humberto Boccioni)