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sábado, 30 de enero de 2016

NUESTRAS MUERTES



POR AGENCIA EFE


"Y la hora de la muerte es cada momento"
T.S. Eliot - Traducción de José Emilio Pacheco

Aún entre la maquinaria y la fatiga.
Mientras en el puerto los estibadores cargan y descargan.
En las hilanderías madres y novias tejen y destejen.
Nuestras muertes nos pegan como el viento a la espiga.
En convoyes de trenes y micros atestados se alargan
Largas angustias, larvas de miedos, y nos mecen.

Somos y porque somos nos preguntamos,
mirándonos los rostros furtivamente y los deseos
por esa hora última, el eslabón, la manea,
de la que sin cesar en los viajes colgamos,
olvidados los cuerpos hacia destinos sin arreos
en la ciudad atestada, ilusoria, oliente a hierro y brea.

En el andar a tientas, hablando al celular, observando pantallas,
comprándonos distancias entre voces, augures y vituallas,
compuestos de emociones rapsódicas, siempre circunstanciados,
siempre corriendo a mares, siempre equívocamente ilusionados.
Pero, eso sí, portando nuestras muertes en mochilas de ausencias,
portando los vacíos, claros, vanaglorias e inocencias.

Observemos el muelle y el mar que largamente
hacia el confín ofrece su hontanar de distancias.
Vivamos ese muelle que somos a pulmón, limpiamente,
exhalando la angustia, las sombras, aspirando fragancias.
Uniendo la quietud al vuelo raudo, al viaje,
sintiendo el peso grave del ancla que llevamos y será nuestro anclaje.

Al fin y al cabo la doña nos sostiene hecha vigilia y madre.
Nos da también destino hecha novia y esposa.
Es mujer ¿Será mujer por siempre, sostendrá su regazo
hasta el último aliento con ternura este encuadre
de vida traicionada, ardiente y sigilosa,
siendo así  la postrera de  
aquellas, las que pisan nuestro paso?

Amilcar Luis Blanco ("El abrazo de amor del universo", oleo sobre tela de Frida Kahlo)