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jueves, 15 de noviembre de 2012

Soneto del amor imposible.





Una boca al revés bajo tu vientre;
un vórtice, un volcán de rojedad,
se ciñe a tu silueta y a tu peltre
de mujer que precisa saciedad.

Meter mi cuerpo entre tu excelso fuego,
en la temperatura de tu edad,
entrar en tus vaivenes sin sosiego,
sería mi mayor felicidad.

Y aún tu llama invisible me persigue
hurga en el sitio de mi soledad
y lame hasta mis tuétanos y exhibe

llagas de no tocarte y sed de tu humedad.
El tiempo y la distancia me desviven
me alejan de tu vida sin piedad.

Amílcar Luis Blanco ("Odalisca"  por Kiera Malone)

miércoles, 14 de noviembre de 2012

DESEO























Quiero que me desvistas y me beses
de afilada manera,
hecha un buril de sol, hecha un cuchillo
que limpiara de sombras la pradera.
Así podré mirarte y verte el brillo
de lasciva madona;
agua y luz en tu frente y en tus ojos
y el saber que si dejo de mirarlos
continuarán mirándome a su antojo
como si me estuvieran esperando.

Entonces, aunque llegues desde lejos
y sólo seas nostalgia,
sobre tu imagen hecha de reflejos
deslizaré mis palmas como bocas sedientas
en tus colinas, moras y regazo,
en caricias magnéticas y lentas
para sorber tu luna trazo a trazo.

Sentiré tu tersura de fiebre que contagia,
lo tibio de tu calma; esa seda sin lazo
del amor producido por la magia.
Daré amor y pasión, a la que fluyan
de nuestros cuatro labios y latiendo
besos de dos deseos que construyan
un tercer corazón que esté naciendo.

Amílcar Luis Blanco.

Nosotros





















“ …. Y el hombre, pobre el hombre, vuelve sus ojos como
cuando por sobre el hombro lo llama una palmada,
vuelve sus ojos locos y todo lo sufrido
se empoza como un charco de culpa en la mirada”

Cesar Vallejo “Los heraldos negros”


 Los hombres siempre sucios de quietismo,
como usted, como yo, como cualquiera;
nos exhibimos  mansos en la espera
de aguantar el morir, driblear su abismo.

No esquivamos el necio paroxismo
de vernos elegantes, bien por fuera,
aunque dentro nos falte el alma entera,
y aterrados finjamos con  cinismo.

La culpa nos carcome,  la frontera
mortal nos ronda en pálido exorcismo;
no acertamos romperla; su madera

ya nos cerró en su caja de mutismo
La nada que ya somos desespera,
se enmascara en inútil estoicismo.

Amílcar Luis Blanco

martes, 6 de noviembre de 2012

Echar de menos















Echar de menos verdaderamente;
restar a la corriente cotidiana,
al transcurso que somos, a la gana
de vivir y faltar; gestar lo ausente.

Nos vamos de los días, de un presente
que siempre fue; la rueca sólo hilvana
el invisible hilo del mañana
y el del adolecer hueco y silente.

Brota el agua y su fuerza no es la fuente;
surgir que la supone y la desgrana,
maternal, parturienta y emoliente.

Agua, fuente, pasión, sueño, nirvana
y una nada sumada a lo potente
que hasta el postrer latido nos devana.

Amílcar Luis Blanco  (Pintura "Halcones de la noche" por Edward Hooper)

lunes, 5 de noviembre de 2012

Lejano amor





















Lejano amor, de nuevo te visito,
quiero volver al sol de tus palabras
al lecho del papel y de las letras
escritas en el ordenador y trasmutadas
a la virtual pantalla en que dejamos
la débil esperanza de que un día
volvamos a encontrarnos como antes.

Siempre está la esperanza con terquedad de mula
en absurdo propósito de enmienda
enviando mensajes de un corazón a otro
a diestra y a siniestra su alocada veleta
su gallito guapeando contra el viento
ojos llegando al borde de tus ojos
sueño llegando al borde de tus sueños.

Lejano amor que dueles y anticipas
nuestro luto total la insalvable distancia
lo frugal del encuentro en la opulenta ausencia
desgranándose lenta desde cada minuto
dentro de la redoma del reloj de la arena
del desierto que filtra a través de la lágrima
y nos deja su rastro de ceniza invisible
para que alimentemos una rosa de sangre.

Amílcar Luis Blanco

sábado, 3 de noviembre de 2012

Tchaikovsky: Piano Concerto No.1 - Argerich&Dutoit/OSR(1973Live)

EL PUEBLO SOLITARIO
















































“En el solitario parque la sonora
copla borbollante del agua cantora
me guió a la fuente; la fuente vertía
sobre el blanco mármol su monotonía”

                          Antonio Machado


En las calles desiertas hay un aire sin nadie,
una extensión de ausencia creciendo hacia la sombra,
un nomeolvides lento, blanco, que se deslíe
sobre un banco en la plaza al que  la luna escombra.

En el alrededor ladran lejanos y mañidos los perros,
cruje el viento en las ramas y respira en pulmones de cerros.
Y la luminosidad de tanta noche cayendo torrencial en tanto hastío
da límites de abismo, pone infinita cárcel, al breve caserío,
en él  medra  ciudad,  escaso pueblo, de actitud de becerros.

Y en la torneada fuente de la plaza,
de mármol, un cupido desenlaza
una cinta de plata sin soltar
por la que serpentea un agua bruna
y sus manos sostienen un  risueño mirar
bajo una pátina de sombra y  luna
y el rumor en su luz parece hablar.

Un hombre gigantesco se levanta
camina, sin pisarlos, entre los edificios,
porta en sus manos argamasa en planta
hecha por la labor y los oficios.

En la oquedad se mueven los reflejos y hay inflexiones de una voz astral,
un murmullo de citas de hombres y mujeres, un bullicio ancestral,
un “deja vú” escondido tras los pinos, un signo, una pregunta seminal,
queriendo fecundar la lejanía, despejarla y abrirla, quitarle su cendal
hacer parir tanto silente absurdo, tanta apariencia trunca sin cesar.


Amilcar Luis Blanco  (Obra pictórica de Daniel Santoro)