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sábado, 17 de enero de 2015

AMANTES (Soneto en endecasílabos de gaita gallega)
















Ya satisfecho de luz sin ufana,
vana penumbra en la hueca ventana,
río en el gozo del largo momento
que me  depara tu cálido aliento.

Plenos, dichosos, nos hemos amado
dándole al cuerpo el regusto deseado
y hemos contado cual lánguidas tramas
nuestras historias recientes de camas.

Somos amantes de pálidas horas,
sólos, distantes, cual aves canoras.
Hemos logrado hilar confidencias

y en nuestros cuerpos quebrar apariencias
que nos tenían asaz distanciados.
Hoy nos besamos amantes y amados.

Amilcar Luis Blanco  (Pintura de Virginia Palomeque)

AMÉRICA




Donde antes las hubo,
ahora mismo,
ya no hay eternidades. En ese pueblo,  América, 
de infancia; célula urbana, mi pequeña patria,
surgida de un fortín entre chusas malezas.

Ya no hay ríos de tangos
ni zarzuelas o bronces
para alentar mis ganas,partiendo de la pua
que mi padre ponía sobre surcos de discos olvidados.
No está el abuelo que trajo el plano de la casa

Ese gato montés,
el pasodoble,
levantando tertulias
del cine de Bertero allí en mi pueblo
trayéndome recuerdos de otras vidas.

Ni hay mi hermano
en cuyos hombros
hacía pesar mi compañía
regresando del cine por la plaza.

No volverán los pájaros amenos que picaban
la soledad en todas sus semillas.
Y ese salir al aire, a los encuentros,
más allá del aljibe, la retama y la adelfa.

Al inclinarse de álamos y sauces,
a sus melenas dóciles al viento,
encrespadas o lacias, siempre atentas,
a la quietud insigne de la higuera.

Ya no hay eternidades
pero quedan preguntas
¿He trabajado acaso
una quietud del tiempo en el poema?

¿O acelerado tanto mi transcurso,
despojando del ser al paisaje evocado 
para que ahora muestre
tanto hueco de ser tanta penumbra?

Amílcar Luis Blanco  (Fotografía de la Municipalidad de América, Partido de Rivadavia, Pcia.de Bs. As. Argentina)


miércoles, 14 de enero de 2015

TUS LABIOS Y LA ROSA (Soneto en alejandrinos perfectamente contados y con estranbote)






Dedicado a Mayte Dalianegra

Así como una rosa será siempre una rosa;
lozana, en terciopelo sus pétalos perlados
durante el corto tiempo vesperal del que goza;
tus labios serán plenos sólo siendo deseados.

Tus labios, agua y tiempo, siempre serán besados
Y habrá un instante eterno de flor esplendorosa,
sin invierno afligente de cuchillos helados
y engastarán tu risa de azucena y de moza.

La lozanía es tiempo de eternidad si atento
me atengo a su belleza y a su fugaz momento.
Porque está en el transcurso su dilatada forma

Como un río constante de líquido sustento
es la sentida rosa, rigurosa en la norma
de dar fuego al deseo y a los labios contento.

Con ella, con la rosa, hecha flor y transida,
convertirás  tu boca, en agua y movimiento,
 en  sal y en viva  sangre por tu merecimiento
y ascenderás a un cielo de caudalosa vida


Amílcar Luis Blanco (Imagen de Lioragarza)

martes, 13 de enero de 2015

SONETO EN ALEJANDRINOS CON ALGUNAS SINALEFAS







Si he hablado ahora y usado sinalefas
me ha ocurrido en un metro de verdad muy parejo;
donde a veces se salvan las vallas y las rejas,
en sílabas catorce de variado cortejo.

Y así en este soneto me cifro y entretejo.
Soy la araña del hilo cruzándome en guedejas
y sigo áureos caminos pero después los dejo
en ajenos destinos y en todas las orejas.

Y ahora, en  surco abierto de linaje latino,
de Darío, Vallejo; consonancias parejas
de yámbicos acentos y de un estro divino.

En solturas que igualan el afiatado tino
dado por un poeta a su amada sin quejas;
o sea en un soneto y en verso alejandrino.-

Amilcar Luis Blanco

domingo, 11 de enero de 2015

LO MISMO QUE HOLOFERNES





Muchas noches querida, lo mismo que Holofernes,
en  tu cuerpo de selva de salvaje cabello
puse ansioso mis besos y  hollé tus carnes verdes,
tus ardores  dejaron sus flores en mi cuello.

Me hice de fiebre todo para saciar tu fiebre
Me convertí en un lobo de fauces asesinas
Y dejé en tus temblores mis pasiones de orfebre
Para tallar sin fallas tus ternuras divinas.

 Fuiste Judith, aquélla, astuta y cazadora
Y han llegado tus filos a traspasar mis ansias
Por eso al cielo ruego, no me pongas distancias.

No me alejes de tu arco o tu lanza o tu hora.
Absuélveme del reto contigo triunfadora
Y hazme así tu trofeo, aun ebrio y a deshora.


Amilcar Luis Blanco (Pintura de Artemisia Gentileschi)

miércoles, 7 de enero de 2015

VIDA FÚTIL











En la bandurria de la tarde
llueve sobre nosotros la impudicia
quiero decir noticias, comentarios, despojados
de entrecejos, atragantamientos y palideces.

Quiero decir que abriéndose los diales,
echando antenas invisibles hacia los cuatro vientos
y enarbolándonos en percepciones,
en las mareas de las ondas
nos convertimos en fantasmas.

Constantemente repetidos y protervos,
hacemos flamear y flashear nuestros anhelos
y van quedando cáscaras vacías
y disfraces de sombras mezclados y movibles
en los corredores del viento que sacuden las almas.

Llueve sobre nosotros en la cinta sin fin de los aburrimientos diurnos
en el despejarnos de los instantes felices con abanicos de aspavientos
y darnos la vida contra los espejos
como un mar que golpea su intensidad contra las escolleras.
Quiero decir que andamos muriéndonos por todos los rincones
como los insectos cuando en los veranos rebotan contra las lámparas.-
Quiero decir desnudos, invisibles, autómatas exactos, marionetas.-

Amílcar Luis Blanco (Pintura de Edward Hopper "Star wars 2")

sábado, 3 de enero de 2015

PARTO AL BORDE DEL MAR





Hoy,
corté el pasto en el fondo de la casa.
Hice pedazos el silencio
de la hora para soñar.
Arrepentido, como penitencia,
estuve a punto de extenderme sobre el verde,
los ojos abiertos hacia arriba,
para dejar que el cielo
se sentara sobre mi nariz, sobre mi boca,
como el sexo de una mujer puesta en cuclillas
y pensé
en esa mujer a punto de estallar
y que diera a luz y penumbra su fruto con dolor
y del azar fuera la supernumeraria
y alumbrara en el mar.
La miraría el espacio y el párpado oxidado y ciego
del mar bajo la cresta blanca de la ola.
Y sentiría no como ella, no en su estado ni ruego,
del vientre bajo el pubis abrirse su corola.
No sentiría la urgencia del viento
llevándose la arena, 
desflecando la espuma,
ni el transporte de suspiros y llantinas, 
ni el acento rumoroso del mar.
Porque estaría aquí echado de espaldas
sobre el pasto del fondo de mi casa
soportando el peso del cielo
e imaginando un parto al borde del mar.

Amilcar Luis Blanco