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sábado, 3 de enero de 2015

PARTO AL BORDE DEL MAR





Hoy,
corté el pasto en el fondo de la casa.
Hice pedazos el silencio
de la hora para soñar.
Arrepentido, como penitencia,
estuve a punto de extenderme sobre el verde,
los ojos abiertos hacia arriba,
para dejar que el cielo
se sentara sobre mi nariz, sobre mi boca,
como el sexo de una mujer puesta en cuclillas
y pensé
en esa mujer a punto de estallar
y que diera a luz y penumbra su fruto con dolor
y del azar fuera la supernumeraria
y alumbrara en el mar.
La miraría el espacio y el párpado oxidado y ciego
del mar bajo la cresta blanca de la ola.
Y sentiría no como ella, no en su estado ni ruego,
del vientre bajo el pubis abrirse su corola.
No sentiría la urgencia del viento
llevándose la arena, 
desflecando la espuma,
ni el transporte de suspiros y llantinas, 
ni el acento rumoroso del mar.
Porque estaría aquí echado de espaldas
sobre el pasto del fondo de mi casa
soportando el peso del cielo
e imaginando un parto al borde del mar.

Amilcar Luis Blanco