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domingo, 25 de enero de 2015

Alguien, algunos, muchos . . .




Vasto el cautivo, vasto el vasallaje
que la temida muerte nos impone,
que la temida muerte descerraja,
con su apuro circense y circunloquio
de palo, de maraca, de redoblante efímero.
Bocas comunicantes nos encantan
y cantos de sirenas nos engañan
y nos tienen corriendo exasperados.

Alguien,algunos,muchos,
me pregunto,
¿podrían dejar de atravesar tanto escándalo,
ese leteo turbio de las letras de molde,
ese estigio de imágenes de zombies
y de melifluas voces que propalan
 desesperaciones, ansiedades,  miedos,
segregados por diarios y radios y televisores,
ansiosamente, desesperadamente,
agitando maracas y sonajas,
tamborilleos fribilantes, redoblantes,
hablando sin cesar de lo que no saben,
empujando con sus velocidades  desgracias para todos
en este carnaval del desencuentro?

Si lo hicieran y se detuviesen,
pararan orejas, ojos,
cerebros,  corazones
y sobre todo lenguas;
dejando de mirarse en tanto azogue sin respuesta,
escucharan, entendiesen,
miraran,  viesen,
pensaran  y sintiesen,
profundamente, en serio,
corazonadamente.

Y sobre todo y para siempre cesasen de correr,
de agitar maracas, sonajas,
dejasen de batir los parches,
sólo para escuchar,
sólo para ver,
sólo para pensar y sentir,
sólo para dejar de hablar de lo que no saben,
sólo para dejar de actuar lo que les dictan.

Entonces, la bomba del silencio estallaría
absorbería el chismorreo, el ruido.
La bomba del reposo estallaría,
detendría la enloquecida hiperkinesis
Apagaría la desesperación, la ansiedad,
los miedos, segregados por diarios, radios,
televisores.
¿Ocurrirá algún día?

Amílcar Luis Blanco