Un sentimiento de tarde en otoño
se alía raudamente al verano incesante.
Camino en la ciudad, sintiéndome retoño
de mi padre, mi abuelo, mi antepasado errante.
Campo vertido en leguas
demasiado velozmente urbanizadas,
ingenuidad de niños, pastizales con yeguas,
convertidos de pronto en puestos y paradas.
Camino
siendo niño todavía
en un revés de orilla del río silencioso;
sino
del corazón cuando extravía
el ego en la pereza y en el gozo.
La ciudad late en mis sienes.
Los aires que los indios desnudos respiraron,
antes de la conquista y los andenes,
ebrios de las venturas y los bienes,
navegantes ansiosos ocuparon
los ombúes, los toldos, los caldenes
las mujeres salvajes, sin bragas ni sostenes
sobre cuyos cuerpos acabaron.
Y todo ese baldío, lo que fuera
la tierra sin fronteras, de distancias,
ha quedado en mi sangre como fiera
nutrida de vacíos y miedos y fragancias
AMILCAR BLANCO (Blog destinado preferentemente a la poesía propia) Los derechos de autor de lo publicado y a publicar en este blog están reservados y protegidos por la Dirección Nacional del derecho del autor-dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la República Argentina- Expediente N° 933882
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viernes, 29 de abril de 2011
jueves, 28 de abril de 2011
UN DRAMA PERSONAL.-EL SONIDO Y LA FURIA.-
¿Qué nos quiere decir Santiago Kovadloff en su artículo titulado “Un drama nacional”, publicado en el diario “La Nación” del 27 de abril de 2011? Me parece que cuando titula su comentario como un drama y lo califica de nacional, debería cambiar el adjetivo y escribir: “personal” ¿Por qué? Veamos.-
Primeramente postula la existencia de una oposición inepta que no supo articular un discurso inteligente que convenciera a la gran mayoría de la gente de lo malo que es este gobierno y de lo bueno que podría ser otro, sin decir quiénes lo integrarían ni tampoco qué harían. Enumera luego los daños que le hicieron al país y a la gente los dirigentes políticos anteriores a los Kirchner, enumeración ésta con la que todos los que leemos el artículo o la gran mayoría no podríamos dejar de coincidir. Dice que la gente no es tonta y se da cuenta de esa incoherencia e inoperancia de los dirigentes de oposición
Después se refiere a la astucia de Néstor Kichner, un “provinciano de aspiraciones módicas” según el articulista que habría aprovechado el resentimiento de la gente para venderle una especie de simulación de buen gobierno. Aquí la gente pasa a ser estúpida porque cree y compra lo que Kirchner expende. Vale decir que aquélla inteligencia que le permite a la gente darse cuenta de lo imbéciles que son los opositores no le permite darse cuenta de lo impostor que es Kirchner.
Según la tesis de Kovadloff parecería que el mejor político sería el que más y mejor engaña, el mejor impostor. El que sabe seducir y convencer. Sin embargo tampoco es así porque los Kirchner no son buenos para él aunque sepan seducir y convencer. En cambio los de la oposición que serían intrínsecamente buenos tampoco lo serían del todo porque no saben engañar. Conclusión, para Santiago Kovadloff los buenos políticos deben ser siempre mentirosos, sean buenas o malas sus intenciones. El discurso de este pseudopensador es absurdo, está tan plagado de sofismas que ni él mismo lo advierte. Es el claro ejemplo de quien se engaña a sí mismo para tratar de convencer a los demás de su sinceridad. Una sinceridad impostada, simulada, fingida, largamente cavilada para construir una apariencia de verdad, pero que se torna casi psicótica y hasta patética.
El expediente más sencillo que consistiría en aceptar como buenos: los juicios a los genocidas y apropiadores de hijos; la designación de una Corte Suprema de Justicia compuesta por miembros que garantizan la independencia e imparcialidad de sus sentencias; la vuelta de los fondos previsionales a la gestión estatal; el crecimiento cuantitativo de los beneficiarios de esos fondos; la ley de medios audiovisuales; la asignación universal por hijo; las elecciones primarias, abiertas, secretas y obligatorias para los candidatos que se postulan en todos los partidos; el crecimiento del producto bruto interno; el superavit fiscal y comercial; la baja del desempleo; la persecución a quienes explotan el trabajo esclavo y, en fin, todos los aciertos de este gobierno, no le parecen al articulista configuradores de una actitud digna y honesta desde el punto de vista intelectual. No, para él es honesta su visión escéptica y retorcida, su sinceridad impostada, simulada, fingida, la aptitud de los políticos para el engaño, la astucia para conquistar al electorado, es decir los fantasmas que pueblan su afiebrada psicosis.
La conducta que necesita ser astuta para conquistarse al electorado es la del simulador, la del que miente, tergiversa, manipula y lo hace con un fin avieso, que debe permanecer oculto. Si la finalidad de una política es promover el bienestar general, asegurar los beneficios de la libertad y la igualdad para todos los ciudadanos de un país no se comprende muy bien por qué este fin debería permanecer oculto.
Kovadloff se confunde a sí mismo, se hace prisionero de sus propias mentiras y ni siquiera advierte lo eufemístico de sus razonamientos que a fuerza de eludir lo evidente, lo obvio, que el pueblo está mejor y aplaude y apoya por esa razón las políticas de los Kichner, se transforman en un discurso hueco y vacío, pleno de sonido y de furia.-
Primeramente postula la existencia de una oposición inepta que no supo articular un discurso inteligente que convenciera a la gran mayoría de la gente de lo malo que es este gobierno y de lo bueno que podría ser otro, sin decir quiénes lo integrarían ni tampoco qué harían. Enumera luego los daños que le hicieron al país y a la gente los dirigentes políticos anteriores a los Kirchner, enumeración ésta con la que todos los que leemos el artículo o la gran mayoría no podríamos dejar de coincidir. Dice que la gente no es tonta y se da cuenta de esa incoherencia e inoperancia de los dirigentes de oposición
Después se refiere a la astucia de Néstor Kichner, un “provinciano de aspiraciones módicas” según el articulista que habría aprovechado el resentimiento de la gente para venderle una especie de simulación de buen gobierno. Aquí la gente pasa a ser estúpida porque cree y compra lo que Kirchner expende. Vale decir que aquélla inteligencia que le permite a la gente darse cuenta de lo imbéciles que son los opositores no le permite darse cuenta de lo impostor que es Kirchner.
Según la tesis de Kovadloff parecería que el mejor político sería el que más y mejor engaña, el mejor impostor. El que sabe seducir y convencer. Sin embargo tampoco es así porque los Kirchner no son buenos para él aunque sepan seducir y convencer. En cambio los de la oposición que serían intrínsecamente buenos tampoco lo serían del todo porque no saben engañar. Conclusión, para Santiago Kovadloff los buenos políticos deben ser siempre mentirosos, sean buenas o malas sus intenciones. El discurso de este pseudopensador es absurdo, está tan plagado de sofismas que ni él mismo lo advierte. Es el claro ejemplo de quien se engaña a sí mismo para tratar de convencer a los demás de su sinceridad. Una sinceridad impostada, simulada, fingida, largamente cavilada para construir una apariencia de verdad, pero que se torna casi psicótica y hasta patética.
El expediente más sencillo que consistiría en aceptar como buenos: los juicios a los genocidas y apropiadores de hijos; la designación de una Corte Suprema de Justicia compuesta por miembros que garantizan la independencia e imparcialidad de sus sentencias; la vuelta de los fondos previsionales a la gestión estatal; el crecimiento cuantitativo de los beneficiarios de esos fondos; la ley de medios audiovisuales; la asignación universal por hijo; las elecciones primarias, abiertas, secretas y obligatorias para los candidatos que se postulan en todos los partidos; el crecimiento del producto bruto interno; el superavit fiscal y comercial; la baja del desempleo; la persecución a quienes explotan el trabajo esclavo y, en fin, todos los aciertos de este gobierno, no le parecen al articulista configuradores de una actitud digna y honesta desde el punto de vista intelectual. No, para él es honesta su visión escéptica y retorcida, su sinceridad impostada, simulada, fingida, la aptitud de los políticos para el engaño, la astucia para conquistar al electorado, es decir los fantasmas que pueblan su afiebrada psicosis.
La conducta que necesita ser astuta para conquistarse al electorado es la del simulador, la del que miente, tergiversa, manipula y lo hace con un fin avieso, que debe permanecer oculto. Si la finalidad de una política es promover el bienestar general, asegurar los beneficios de la libertad y la igualdad para todos los ciudadanos de un país no se comprende muy bien por qué este fin debería permanecer oculto.
Kovadloff se confunde a sí mismo, se hace prisionero de sus propias mentiras y ni siquiera advierte lo eufemístico de sus razonamientos que a fuerza de eludir lo evidente, lo obvio, que el pueblo está mejor y aplaude y apoya por esa razón las políticas de los Kichner, se transforman en un discurso hueco y vacío, pleno de sonido y de furia.-
sábado, 23 de abril de 2011
INVIERNO
El blanco rompe su claror, golpea,
choca contra la roca y es de nieve
su corazón de hielo, fuerte, breve,
apagará el calor con su marea
La ciudad se arrebuja y bastardea
en velas y penumbras la luz leve
Una grisácea perla se remueve
en el centro del cielo, bailotea
y lo puebla de sombras y conmueve
Nadie queda en las calles, sin que sea
presa de la negrura, nadie atreve
su paso contra un viento que voltea
arde, hiere, estremece y ciego mueve
aún la misma quietud que lo rodea.
choca contra la roca y es de nieve
su corazón de hielo, fuerte, breve,
apagará el calor con su marea
La ciudad se arrebuja y bastardea
en velas y penumbras la luz leve
Una grisácea perla se remueve
en el centro del cielo, bailotea
y lo puebla de sombras y conmueve
Nadie queda en las calles, sin que sea
presa de la negrura, nadie atreve
su paso contra un viento que voltea
arde, hiere, estremece y ciego mueve
aún la misma quietud que lo rodea.
OTOÑO
El viento atorbellina
sobre las secas hojas amarillas
su luz de compañía
sus frecuentes nublados.
El aire va poblándose de fríos,
de soplos, de sospechas,
contra las pálidas cortezas
Hay un desperezarse de las ramas.
Un desprenderse de álgidas espumas
Un secarse interior, un contraerse;
un arrugarse azul de nervaduras
Y un sutil violonchelo uniendo el tiempo
atándolo al caerse de la tarde.
En plañideras cuerdas de violines
que acuestan al silencio en la distancia
el aire va infiltrándose de augurios
que amonestan los lirios y las sombras
dentro de los espejos de los lagos.
El viento aumenta su inquietud,
desviste poco a poco árboles en las plazas
y hay cipreses que inclinan su esbeltez
Las mujeres caminan las veredas
tomándose las faldas, los pañuelos,
como si se tratara de recuerdos
y los viejos, detenidos al ras de sus bastones,
escudriñan los restos de horizonte
sienten escalofríos que se cuelan
en los huesos dolidos por los años.
El suelo se levanta polvoroso
pero urente y agudo en los gemires
de las cuerdas que raspan las arduas lejanías.
sobre las secas hojas amarillas
su luz de compañía
sus frecuentes nublados.
El aire va poblándose de fríos,
de soplos, de sospechas,
contra las pálidas cortezas
Hay un desperezarse de las ramas.
Un desprenderse de álgidas espumas
Un secarse interior, un contraerse;
un arrugarse azul de nervaduras
Y un sutil violonchelo uniendo el tiempo
atándolo al caerse de la tarde.
En plañideras cuerdas de violines
que acuestan al silencio en la distancia
el aire va infiltrándose de augurios
que amonestan los lirios y las sombras
dentro de los espejos de los lagos.
El viento aumenta su inquietud,
desviste poco a poco árboles en las plazas
y hay cipreses que inclinan su esbeltez
Las mujeres caminan las veredas
tomándose las faldas, los pañuelos,
como si se tratara de recuerdos
y los viejos, detenidos al ras de sus bastones,
escudriñan los restos de horizonte
sienten escalofríos que se cuelan
en los huesos dolidos por los años.
El suelo se levanta polvoroso
pero urente y agudo en los gemires
de las cuerdas que raspan las arduas lejanías.
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