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domingo, 8 de agosto de 2010

POEMA DEDICADO A JORGE LUIS BORGES

Este jugar a ser poeta quiere
vagar por el eterno laberinto
cifrado en lo profundo del instinto
de tigre en hombre que se considere.
También lo intriga el mito del espejo
como frontera de lo indescifrable.
Un antes y un después inenarrable
del olvido que nunca se hace viejo.
Admira a Schopenhauer, Spinoza.
Estudia lenguas en que canta el hierro,
Y rinde culto a la constante rosa,
cegado a su color, fiel a su prosa,
hecha dolor, placer, acierto o yerro.
¿Quién conoce el sentir por cada cosa?
¿Quién, el latir de un tiempo que percute
más allá del reloj o el pulso humano,
pero que desmorona nuestra mano
aunque en mármol o bronce se transmute?
¿Habrá un adios definitivo o todo
proseguirá existiendo de otro modo?
Y si es así, ¿valorarán los días
niños dioses,
que amen las poesias
y desdeñen por siempre los adioses?
Eternas las preguntas, infinitas,
como los incontenibles universos,
innúmeros los dones y las cuitas
e innúmeros los versos.-