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lunes, 2 de agosto de 2010

¿HASTA DÓNDE LLEGARÁN LOS SOFISMAS DE LA DERECHA?

Sobre todo los de Mariano Grondona, quien, en su artículo de ayer en "La Nación", ilustra sus opiniones con el recuerdo de batallas que decidieron la derrota del ejército alemán en la segunda guerra mundial. Imagina a Néstor Kirchner como mariscal de esas fuerzas militares, habla de sus ciertas y posibles contraofensivas, y sueña para él un destino como fueron los de Stalingrado en el frente oriental y el de las Ardenas en el occidental para las tropas germánicas. Según su visión, trás la debacle electoral de Kirchner el 28 de junio del año pasado, la oposición, que vendrían a ser los aliados, no da en el clavo para acorralar a esta encarnación vernácula y actual de Hitler. Ya desde el vamos, comparar a Kirchner con Hitler, nos mete, como lectores que tratamos de entenderlo, en realidad nos envuelve, en un sofisma oscuro, tan tenebroso e ineludible como la atracción gravitacional de un agujero negro en el espacio interestelar. Nos tenemos que dejar arrastrar por su espantosa metáfora para mover las piezas del juego intelectivo que propone. Y esto porque como lectores nos aproximamos al texto más o menos desprevenidos, dispuestos a extraer de el una visión más o menos objetiva del tema que promete abordar. Primero, no estamos en guerra, aunque Grondona profesoralmente nos explique que la palabra guerra proviene de una voz indoeuropea que significa confusión. En realidad es él quien nos confunde a nosotros. Segundo: Kirchner no es Hitler ni lo quiere ser. Podríamos, eso sí, reconocerle agradecidos al articulista, su aclaración acerca de que en una guerra el vencedor se impone a sangre y fuego, es decir por la fuerza y, en una elección, en cambio, el que se impone es el pueblo sin disparar una sola bala, es decir pacíficamente. Aunque Grondona no destaca la paz del pueblo que deposita sus sufragios en las urnas sino su papel de árbitro, no obstante le reconoce, admite que es el soberano, máximo interprete de su voluntad, el que decide qué destino hay que darle a la república democrática. Porque si esto es así, y es así, los sofismas sirven sólo para intoxicar y tergiversar la comprensión de los fenómenos políticos cuando no están bien inspirados, cuando las metáforas, alusiones, alegorías empleadas para aludir simbolicamente a lo significado, a los sentidos que encierra, están construidas a partir de prejuicios o preconceptos, por muy cultos que estos parezcan y se trate de perlas de erudición, ya que lo m,entado aludido o significado en las guerras on los desbordes de violencia, destrucción y genocidios que ellas producen únicamente para el sufrimiento de la humanidad, en cambio lo significativo de un debate o contienda electoral, en la que cada uno de los adversarios políticos aprovecha las inconsecuencias, ignorancias o ineptitudes del otro, o desnuda sus trampas de tahures y sus desvergüenzas e inmoralidades, es el mejoramiento de la realidad histórica, la cual comprende tanto el sistema institucional, económico y social, que se fortalecen si la lid se lleva a cabo con honestidad intelectual, como los valores simbólicos de una cultura que nos constituye y toca a todos. En decidir qué valores deben realizarse, cuáles son o no futuribles, el único árbitro soberano es el pueblo de la república, y esto sí que no es un mero sofisma.-