AMILCAR BLANCO (Blog destinado preferentemente a la poesía propia) Los derechos de autor de lo publicado y a publicar en este blog están reservados y protegidos por la Dirección Nacional del derecho del autor-dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la República Argentina- Expediente N° 933882
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viernes, 27 de febrero de 2015
jueves, 26 de febrero de 2015
FANATISMO Y FE

" de diez cabezas, una piensa, nueve embisten"
Antonio Machado
No toda fe es fanática y oscura;
no lo es la que dio vida en el impulso
al austero primate en cuyo pulso
cifró la evolución su singladura.
Tuvo otro signo aun la que perdura
después del holocausto y de lo insulso
y el letal vaciamiento y la locura
de un mundo problemático y convulso.
¿Hay certezas acaso, cuáles? ¿La del miura
que morirá seguro en la espesura
de su sangre igual a cada humano
que sólo en su fe vive y saca de lo arcano
la gema de su amor como una mansa albura,
el módico milagro que proyecta su mano?
Amílcar Luis Blanco (Acrílico sobre tela de Ernesto Bertani)
miércoles, 25 de febrero de 2015
AHORA (Soneto para Germán)
Ahora, en este instante, junto a la luz partida,
de la lámpara absorta, vestido de paisaje,
miro tras la ventana, embarcado en un viaje
de quieta certidumbre acerca de la vida.
Y en este quieto andar, en esta quieta huida,
aunque bogue en tormentas, me sostiene un anclaje
de gravedad intensa, de templado coraje,
para dar cara al miedo y curar cada herida.
Y por eso hijo mío mi amor hoy te convida
y espera de tus ojos y tu voz sin ultraje
la luz y la palabra que tengas decidida
para amar tu también la madre y el paraje.
Porque a tu hijo lo amas y amarás sin medida.
Porque el amor derrota al odio más salvaje.
Amilcar Luis Blanco (Pintura de José Bermúdez)
martes, 24 de febrero de 2015
LOS MUERTOS TODAVÍA VISIBLES
He visto en otro mundo,
sentido en otro mundo
que se aleja
los muertos todavía visibles.
Ahora no los siento llegar de igual manera
solamente
se asoman y aun ingresan en mis sueños.
Yo los trago y los quiero como un sabor a yerba.
Ya no tienen sus cuerpos pero han dejado el alma;
esa inquietud ajena que recoge la especie
después de cada cruz, de cada adiós
en su milímetro de ausencia y hasta en menos.
Éranse una vez en otro mundo en otra historia,
pero en igual dolor, en la misma mentira
propagándose a ciegas, encendiéndose
como una hoguera mal apagada.
Amílcar Luis Blanco
domingo, 22 de febrero de 2015
MÚSICAS DE LAS CALLES
Músicas de las calles donde anida el silencio
y el sacudirse de hombros, brazos, pies, las tormentas.
Por sus bocas pluviales y en las manos del viento
se atusan y se atizan raudas crines de sombras.
La soledad resbala como flujos de espejos
y después reinará en la madrugada;
emperatriz de todos los adioses
que son sus pretendientes ancestrales.
¿Quién cantaba en la noche, quién cantaba?
¿Quién cargaba en los hombros ese ritmo deshecho,
ese zumbido largo, esa magnolia de aire,
la fugaz transparencia que se preña de ocasos
en tanto los motores reparten sus catarros?
Había una obsolescencia repartiéndose, ahora
una zona de nadie se propaga y la cantan,
ademas de nereidas, transeuntes resueltos,
buhoneros, sabandijas de oscuridades rotas,
e hilvanan zarabandas, unen trinos y llantos
pero también mil charlas
de la hora violeta aludida por Elliot.
Entre los cables paralelos y las copas de los árboles,
los rudos pentagramas que el viento balancea,
las notas, blancas, negras, corcheas,
fusas y semifusas
suenan, trazan compases,
vertiéndose en oídos y páginas de almas.
En la funesta zona de lo negro,
la blanca tumescencia de lunas de neones
pone mercurio en bordes y en horros agujeros,
achispa las malicias y alimenta las ganas.
Hay ternuras abiertas en solapas de abrigos
y zapatos de pobres como esperanzas rotas
colgadas de los cables.
Música de las calles, música de las almas,
surtidores de sueños en todas las esquinas.
Amilcar Luis Blanco ("Paisaje urbano", pintura al oleo de Jeremy Mann)
jueves, 19 de febrero de 2015
ENIGMAS
Los enigmas sin duda magnetizan,
ponen al borde de otros las excusas,
labran acantilados de insólitas ternuras
y cuelan la paciencia gota a gota.
Tensionan hasta en ínfimas parcelas,
liberan decisiones boca a boca
y nos mezclan las luces y las sombras
como el rayo de sol sobre la esfinge.
Sus sopores espabilan mis mañanas.
Entonan, desentonan, afinan y desafinan
como instrumentos abandonados
de los que los vientos arrancasen
músicas desmañadas en compases danzantes.
En sus misterios se ciñen las preguntas
antes de ahogarse en aguas infinitas
y quedar en latidos, en círculos, en señas.
Amílcar Luis Blanco
Tutmosis IV fue un faraón del antiguo Egipto el cual si bien tuvo un periodo de gobierno muy corto, ya sólo lo hizo por diez años, desde el 1401 hasta el 1391 A.C., tuvo varias acciones de gobierno muy importantes, las cuales tuvieron mucho que ver en lo que en la actualidad es la historia y la cultura de Egipto.
Es sabido que Tutmosis IV llegó al trono cuando su padre, Amenhotep II le cedió dicho poder, aunque el mismo no era el primogénito. Tutmosis IV tenía dos hermanos mayores, los cuales fallecieron antes que el. Lo que lo relaciona tanto con la esfinge es que la historia cuenta que Tutmosis IV un día se acostó a descansar en las arenas del desierto, momento en el cuál tuvo un sueño revelador en el que se le apareció la esfinge, y la misma le dijo que si la desenterraba y reconstruía, el iba a tomar el trono y a llevar la corona blanca con gran éxito.
Inmediatamente, Tutmosis IV se puso en campaña para comenzar con las labores para desenterrar la esfinge, tarea que fue realizada a la brevedad, y luego ordenó la restauración de la misma, que si bien tardó un poco más de tiempo, se realizó exitosamente, y aunque parezca un cuento de hadas, al poco tiempo Tutmosis tomó el poder y se convirtió en faraón del antiguo Egipto.
lunes, 16 de febrero de 2015
Ciudad de lluvias.
Quién quiere en tanta ausencia sosegarse,
detenerse y pudrirse como el agua estancada
en las sentinas de las cunetas de una ciudad
que refleja sus miedos en el agua.
Hay tanto tiempo de los muertos desmadrándose,
cayendo de troneras y dinteles y jarcias.
Lluvias que se refugian en el misterio de las gárgolas.
Lágrimas del acaso, lágrimas donde antes hubo llantos.
Borbotones, cataratas de llantos que secaron los cuerpos
y sellaron los labios, apretujándose, contrayéndose,
como un pájaro herido traspasado por cuchillos de hielo,
carámbanos de duelo, desilusiones cónicas en salmos
Y la ciudad parece deshacerse de la lluvia que la abrillanta,
parece abrirse en brazos y estirarse bufando por sus horros,
expendedores de humos como fosas nasales de dragones.
Un animal de niebla lentamente revuelca su lascivia contra frontispicios y dinteles
El vertical diluvio sobre luces y asfaltos despliega su inmanencia de quebrantos
y liquida su cielo que se esparce en milimétricas gotas sobre acantos y cactus,
que en balcones olvidan las manos glamorosas de acendradas mujeres,
en pesadas descargas de transparencias lavando y deslavando remembranzas y olvidos.
Amilcar Luis Blanco ("Lluvia sobre Nueva York", pintura de Pete Rumney)
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