De un patio en un bajo fondo
escucho mi corazón;
sus latidos acompasan
en el silencio redondo
las voces de un bandoneón.
Mis pies, mis piernas, mis brazos,
se vierten en vos mujer
y hallan pistas nuestros pasos
y cuerpos nuestro placer.
Mi mano siente en la palma
el calor de tu cintura
y en mi mejilla es tu alma
la que late tibia y pura.
El tango nos emborracha
de trémolos y vibratos.
Nos ilumina y nos tacha
y nos enreda en sus tratos.
Bailando me han de encontrar.
Bailando me hago sentir.
Espada para ganar
este truco que es vivir.
Tu brazo en mi hombro posa
y las delicadas yemas
de tus dedos hacen glosa
sobre mi nuca de gemas.
Amílcar Luis Blanco
El mundo está girando
alrededor de nuestro beso.
Alrededor de nuestras bocas
reunidas en el beso.
En la distancia están cayendo
los cuerpos, las palabras,
notas descoloridas del otoño
y sueños escarpados
en cuyas faldas llueve.
Alrededor de nuestro beso
siempre.
Alrededor de nuestra sangre.
Urbi et orbi.
Ecuménicamente.
Mientras los sarcasmos
encienden sus cirios.
Nos habíamos abrazado antes.
En momentos efímeros, fugaces,
en adjetivos y alas.
Habíamos estado reunidos
alrededor de ese beso venidero
como alrededor de una hoguera
trashumante
que viajaba con nosotros
para entibiarnos las distancias.
Nuestros pechos sintieron
tiernamente sus durezas
y se traspasaron mutuamente
hacia el infinito.
Caigo en lo consabido
cada vez que lo dejo,
cada vez que me aparto
del extraño sentido
de aquél fugaz abrazo
que llevó a nuestro beso.
Amílcar Luis Blanco (Pintura: "El beso", por Gustave Klimt)
No sólo está la luz de la mañana.
No sólo están los codos del silencio
golpeándome la paz de la ventana.
También están tus ojos si aquerencio
mi recuerdo a tu imagen y a mi gana.
Siento que despertaste y en tu frente
veo la misma luz iluminada;
sola en mi soledad, tu continente,
desde todos los puntos proyectada.
Te se sólo ilusión pero te extraño
de una manera tan inmoderada
que con tu boca imaginaria engaño
mi boca hacia tu beso modulada.
Y qué decir de mis desiertas manos,
también por mi deseo conjuradas
hacia las dunas y hacia los veranos
de tu cuerpo desnudo maniobradas.
Sigo solo acostado y en el cuarto vacío
escucho mil piares, pasos y algún motor,
mi corazón latiendo y un vago escalofrío
me acerca a tu sonrisa y a su tibio temblor.
Amílcar Luis Blanco (Dibujo a lápiz de Juan Francisco Yoc)
Peces de plata.
Pájaros de plata.
Déjame dormir.
No quiero sufrir.
No quiero.
Peces de plata.
Pájaros de plata.
Everybody sing!
Déjame mirar.
Déjame dormir.
Peces de plata.
Pájaros de plata.
Déjame vivir.
Quiero gustar mis tragos de tiniebla.
Rutas de saxofón.
Quiero cantar innumerablemente.
Quiero poner mis tripas a estirar.
Quiero poner mis tripas y mis miedos
en el fondo del mar.
Ayyyy, ayyyy, ay, ay.
En el metal respiro,
en el aullido
del túnel de metal.
Desde el hueco me evado
en el aire exhalado.
Me voy o ya me fui.
Peces de plata.
Pájaros de plata.
Everybody sing.
Amílcar Luis Blanco
El viento mueve
la razón
y llueve
compasión.
La memoria se agrisa,
melancólica
y la brisa,
bucólica,
remueve transparencias de ceniza.
La lluvia con sus puños ancestrales
golpea los vitrales
y también mi orfandad.
Sus pequeños diamantes,
transparentes,
iguales,
sin edad,
sacuden como siempre, como antes,
del tiempo fotogramas,
aceleran angustias,
lavan dramas,
humedecen y mojan hojas mustias.
- ¿Dónde estás?
- Estoy aquí, bajo la lluvia espesa.
Ahora todo el mundo es mi cabeza.
Aquélla que cantaba, reía,
sollozaba
y también escribía.
Soy el libro de Banchs.
- ¿Dónde estás?
- Estoy en todos lados.
Rodeándote por todos tus costados.
- ¿La lluvia te ha traído?
- Sí. Estoy en su color y en su sonido.
-¿Es verdad que en esta ausencia,
auspiciada con gotas o sin gotas,
llueven hombres vestidos de cenit?
- Es verdad . Si lo notas
y observas con paciencia
verás que es la pintura de Magritte.
- ¿La lluvia sin sentido?
No puedo responder porque amanece
y escampa.
La tormenta sus sombras estremece
ante la claridad que las arranca.
Amílcar Luis Blanco (Pintura de René Magritte)
A menudo el amor
suele presentarse en pañales,
áspero de intemperie,como pinturas que chorrean
sus colores de frío.
A menudo el amor
suele estar distraído
como una mariposa
que va desde un clavel hasta una rosa
siempre lejos del nido.
A menudo el amor
es un ángel cansado
que viene del futuro
y viaja hacia el pasado.
A menudo el amor
es un maullido
que irrumpe su fugaz contrasentido
en mitad del pudor.
En ciertos crepúsculos
hay muchas horas sin hacer,
montones de agujeros de tiempos perdidos.
A menudo el amor tiende sus músculos
como si a esos vórtices se pudiese volver
a vivir nuevamente tiempos idos.
A menudo el amor
es sólo olvido.
Amílcar Luis Blanco (Pintura de Marc Chagall)
¿Quién soy yo para hablar de tantas cosas?
Un insecto nomás.
Un insecto que viola los violines
que no sabe tocar.
Una cigarra en medio de este mundo.
Una onda estelar.
Algo como ese viento distraído,
que roza la estructura material.
Si ensayo con las cuerdas un vibrato
tiemblo en notas y sueno
en el espacio sideral.
Veo enfrente otra cigarra que canta
y como yo desnuda sin parar
ese terror fatal de un canto sin destino,
ese absurdo gritar
por no haber encontrado algún camino,
por no saber siquiera ni cantar.
Amílcar Luis Blanco (Pintura de Fermín Eguía)