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martes, 19 de enero de 2010

"El árbol que no deja ver el bosque"

EL ARBOL QUE NO DEJA VER EL BOSQUE.- Como las ardillas, roedoras, movedizas y ubicuas, los integrantes de una oposición política, siempre dispersa a la hora de disfrutar sus prebendas de políticos, cascar y comer sus bellotas y nueces, pero férreamente unida a la hora de decir no a cualquier proyecto del Gobierno que pueda restarles protagonismo y sin importarles que el destinatario de toda política, económica o de otra índole, sea el pueblo de la Nación, especialmente el marginado, usufructúan sin límites los producidos del árbol del que viven y tratan, con sus aliados mediáticos, que a los que no participamos del banquete pero sí de las consecuencias, no nos deje ver el bosque.
Sacan a relucir, con su cuantiosa hojarasca, las formas jurídicas; una Carta Orgánica del Banco Central que le confiere autonomía a este organismo frente a los tres poderes del Estado y que sólo mantiene con estos rocambolescas, por lo inverosímiles y casi impracticables, relaciones a fin de que quienes manejen nuestras reservas monetarias no seamos nosotros mismos a través de los gobiernos que votamos sino los organismos internacionales y los países centrales dominantes. Plexo jurídico que nació en la década de 1930 y que permitía a Inglaterra, Francia y otros países disponer de nuestras reservas como si fueran propias. Ocultan u oscurecen en cambio los contenidos jurídicos y políticos básicos de nuestra Ley de leyes que es la Constitución de la Nación Argentina. Pasan por alto, en un contexto de crisis económica internacional, que en su artículo 99 esta autorice a la Presidenta a decretar, con necesidad y urgencia, la formación de un fondo con reservas de libre disponibilidad para hacer frente al pago de la deuda externa pública durante el 2010, liberando las partidas del presupuesto que le permitirán disponer de esta gran cantidad de recursos a favor del pueblo de la Nación, para promover su capacidad de consumo, inversión y producción, a través de su propio sistema financiero y sus propias empresas, es decir el aprovechamiento de toda esa masa de dinero que redundará en desarrollo, crecimiento y beneficio de todos los que vivimos en este territorio; porque sabido es que si el capital se globaliza y no tiene fronteras, la pobreza y la miseria del tercer mundo, África, Asia y América Latina, sí tiene territorio y fronteras. Límites que son infranqueables para quienes carecen de oportunidades económicas. El capital viaja en los bolsillos y las cuentas bancarias de los capitalistas que también se desplazan con felicidad y alegría hacia los destinos turísticos de todos los rincones del planeta y, si este fuera un gran bosque, podríamos verlos ocupando cada recodo de la floresta. Pero los pobres, los que padecen hambre y necesidades de todo tipo no viajan a ninguna parte, deben permanecer dentro de las fronteras de sus necesidades y miserias que, por supuesto, no les permiten levantar vuelo para siquiera a veces ver el bosque. Sin embargo, las reservas, recursos financieros que provienen del trabajo argentino, son utilizadas por otros, la plusvalía acumulada por la transpiración de los hombres y mujeres que trabajamos, padecemos y votamos un gobierno para que nos represente y ejerza plenamente todas las facultades políticas soberanas que les delegamos, es utilizada por otros; se deposita en cuentas en Basilea o en el FMI y es prestada a los organismos internacionales y a través de estos a otros países a una bajísima tasa de interés, no supera el 3 %.- Es decir, el interés, precio del dinero, es sumamente barato y los demás, los capitalistas, lo aprovechan. Ahora, cuando nosotros emitimos títulos de deuda pública para obtener dinero (divisas, recursos) en los mercados de capitales pagamos un interés que supera el 10 %. Es decir pagamos carísimo lo que prestamos baratísimo ¿Por qué razón? Porque respetamos instrumentos jurídicos como la Carta Orgánica del Banco Central. Pero ¿Por qué no destacamos y ponemos sobre este instrumento jurídico, como jerárquicamente corresponde, a nuestra Constitución? Porque nuestros políticos, que viven del árbol de la política y quieren mantenerse en él y coparlo prefieren oponerse a una medida inteligente que les resta protagonismo. Es decir, entre el Pueblo de la Nación y ellos, se eligen a sí mismos. Prefieren agitar la hojarasca de la pseudo legalidad. Prefieren que un burócrata prevalezca sobre el jefe máximo de la Administración, libre y mayoritariamente votado por el pueblo, aunque esto incluso, financieramente, en los mercados internacionales de los capitalistas e inversores medrosos y pusilánimes que cuidan su dinero y su poder, nos perjudique claramente haciendo caer los valores de los títulos de nuestra deuda pública. Esto desde el punto de vista económico, ya que desde la perspectiva de la ética y la política poner la vigencia de la Carta Orgánica del Banco Central por sobre la vigencia de la Constitución tiene el mismo significado histórico, ético y político que tuvo, durante los años de plomo, haber puesto un bando militar por encima de la Constitución. No nos dejemos engañar asomémonos más allá del horizonte que proponen las ardillas y escudriñemos la floresta en su conjunto.-

Amílcar Luis Blanco