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martes, 19 de enero de 2010

LOS EXENTOS DE PECADO

LOS EXENTOS DE PECADO.- Los que arrojan todas las piedras, se rasgan las vestiduras y se postulan como perfectos ¿Qué es lo que quieren? ¿Que la presidenta llore arrodillada y les pida perdón por haber perdido? Le reprochan que relativice la ajustadísima derrota y que no diga que Macri pasó de tener el 60 % a tener el 30 %, mientras que ella, cargando sobre sus espaldas la responsabilidad del ejercicio del poder y la continua y constante presión, erosión, tergiversación y perversión de los medios, que no cesa, de su 46 % en el país conservó un 32 % ¿Qué es lo que pretenden los augures de un porvenir que, con toda seguridad, ahora, con la máquina de impedir remozada y aceitada en ambas cámaras, van a engranar todo lo que puedan decisiones elementales de la gestión y a desfinanciar al Estado para halagar al Campo, con su también renovada e inescrupulosa demagogia frívola de siempre, la que seguramente nos regresará al inmundo pasado, al FMI y a los ajustes, a de la Rua, a Cavallo, a los blindajes y préstamos que nos pusieron de rodillas, a los oportunistas y vivancos de las AFJP, que timbean en la bolsa los aportes de los jubilados, invirtiendo en acciones de compañías que quiebran estrepitosamente y derrumban los sistemas financieros del llamado “primer mundo”?
Han conseguido vender al electorado productos de marketing y el “electorado”, vaca sagrada descerebrada por los medios, compró todo. Compró un De Narváez que jamás fue al Congreso ni presentó un solo proyecto, pero, eso sí, tiene guita e imagen. Compró una Gabriela Micheti que, fuera de su imagen simpática, es inoperante políticamente hablando. Compró el proyecto “personal” de un Macri que lo único que exhibe son ambiciones empresariales y privatistas. Compró el resentimiento de un maltratado circunstancial como Solá. Compró las ilusiones utópicas de un esteta metido a político, un sapo en otro pozo como es Pino Solanas, que ignora, por ejemplo, que desde 1994 las regalías petroleras están en manos de las provincias porque la Constitución de aquél año así lo dispuso, de modo que para que vuelvan a la Nación como el quiere necesitaría, por lo menos, un poder como el que tuvieron Menen y Alfonsín juntos para reformar la Constitución; es decir, quienes lo votaron en realidad compraron, como tantas otras veces en el pasado, a un vendedor de fantasías. Consiguieron confundir al consumidor de ilusiones, a la gente, al pueblo, consiguieron que una masa distraída, desmemoriada y ausente, ávida de entretenimientos paródicos y caricaturescos, que empobrecen cada vez más un imaginario colectivo que carece de profundidad y sentido crítico, que se dejó llevar por lo superficial de las formas, por la falta de solemnidad o hipocresía de un Kirchner a veces cruel o torpe, pero siempre verdadero, escorase, volcase, como un vehículo desnortado, repitiese conductas, comportamientos patológicos que, si se los considerase desde una perspectiva psicológica, signarían la neurosis obsesiva y recurrente que la ha llevado tantas veces a cometer los mismos errores que signan sus fracasos, al elegir mal, equivocadamente. A erigirse una vez más ésta masa, como definiera Jorge Luis Borges, en “un abuso de la estadística”, de lo numérico meramente cuantitativo, que no ve, no piensa, no sabe, no contesta y solo responde a esos estímulos mediáticos.
Si algún reproche hay que hacer es a los medios, es al periodismo irresponsable, al periodismo de empresas, de intereses que se encubren bajo el disfraz de los principios de una ética republicana que no tienen, de una ética vergonzante; la de los que defienden con garras de acero su pitanza, su poder político y su riqueza inextricablemente unidos y consolidados, no para bien de los que menos tienen y viven por sus manos, sino sólo para los que pueden y “deben”.- Con su pan se lo coman ¿A quién vamos a quejarnos cuando todo se derrumbe? ¿Qué van a decir entonces los periodistas empleados de tales empresas, con qué nuevas mentiras seguirán disfrazando las verdades de una realidad de la que formamos parte que, al ignorarse sistemáticamente, nos va autodestruyendo como un cáncer que alimentáramos con nuestra ignorancia, complicidad o autocomplacencia? ¡Por favor, basta de mentiras, de fariseísmos, de hipocresías! El periodismo debe ser libre y crítico, desinteresado aunque sea pobre, valiente aunque esté amenazado, mordaz para despertar a los imbéciles, pero jamás pagado como una prostituta para dar placer y omnipotencia a los poderosos! Tampoco deberían disciplinarse los periodistas para los poderosos poniéndose constantemente a su servicio. Por otra parte, los que se disciplinan en forma automática, según ya vio Focault en “Vigilar y castigar” u Orwell en “1984”, descerebran a la vaca, de cuya sacralidad descreen interiormente, aunque con cinismo expresen lo contrario para sostener sus sofismas siempre favorables a la minoría que representan, pero en realidad se descerebran también a sí mismos; se han transformado en empleados y personeros de gente de muy buen vivir, comer, vestirse y disfrutar, de los integrantes de una “high society” tenedora de multitud de acciones de grandes multinacionales y sus familias; se han vuelto expertos en vehiculizar y trasmitir la línea que sus mandantes-empleadores bajan constantemente a una sociedad de masas integrada por grandes mayorías de marginados y grandes minorías de clase – miedo; éstos últimos son las verdaderas víctimas, los verdaderos apedreados y no sólo el gobierno; son los que votan los lapidados, los que sienten el terror pánico que los atraviesa constantemente y se sostienen de lo que pueden para no quedar bajo la línea de la miseria escandalosa. Por último están los caídos, ya definitivamente marginados, a quienes cualquier limosna les viene bien. Sobre estos descerebrados serviles, indefensos, inermes y vulnerables por donde se los mire, descargan los medios no únicamente sus entretenimientos banales destinados constantemente a quemarles o adormecerles sus sentidos críticos y exacerbar sus miedos, sino también a lavarles todo rastro de conciencia acerca de sus reales posibilidades y poderes para sacudirse tanta mufa oscurantista, medioeval, retrógrada y reaccionaria.
Los apedreadores son los verdaderos pecadores y también lo son sus sicarios, sofistas y cínicos que recogen y arrojan las piedras, pero también es bueno que recuerden que se están lapidando a sí mismos y a quienes de ellos dependen.-

Amílcar Luis Blanco

DNI. 7.785.018