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viernes, 22 de enero de 2010

EL SENTIDO TRASCENDENTE DE LA LUCHA POR EL PODER Y LA FALTA DE ETICA POLÍTICA DE LA OPOSICIÓN.-
Los parlamentarios que hoy ponen palos en la rueda de las decisiones que adopta la titular del Poder Ejecutivo respecto al Banco Central y a su Presidente, son, en su inmensa mayoría, universitarios. Por ello, alguna vez habrán leído o escuchado en las aulas de las Facultades a las que asistieron acerca de la lucha agonal, que es la pelea por el poder político, la que se desencadena entre pares para obtenerlo y conservarlo. No sería forzado suponer, por ello mismo, que todos ellos, alguna vez por lo menos, se hayan preguntado hasta dónde, hasta qué extremos puede o debe llegar esta lucha y cuál es su sentido; que se hayan cuestionado también acerca de la finalidad, el “telos” último que la inspira. Es decir, tanto la ética o el deber ser de esta lucha, su decoro, honorabilidad y dignidad en las conductas de quienes son sus protagonistas, como su meta, su finalidad, lo que la trasciende. Esta finalidad que trasciende la lucha agonal es la que Aristóteles definiera como el bien común. La lucha por el poder sólo tendría sentido porque persigue ordenar y disponer a este poder, una vez obtenido, para lograr mediante su ejercicio el bien de todos, el que beneficie a la comunidad de seres humanos en su conjunto. Los universitarios dedicados a la política seguramente habrán leído o escuchado, o incluso estudiado, acerca de la pregunta por los medios que deben emplearse para obtener esta finalidad genérica de bien común que pasa, antes de ello, por su posibilidad real que es tener el poder para lograrlo, es decir se habrán interesado reflexivamente en la consideración de la ética política. Asunto del que se ocupó Machiavello en su célebre ensayo “El Príncipe”, cuando se preguntó si el fin, justifica los medios.
No puedo dejar de sospechar, en base a lo que está ocurriendo y es del dominio público, que nuestros políticos universitarios dan una respuesta positiva a la pregunta tratándose del poder que ellos persiguen y que, en cambio, la contestación es neutra si versa sobre el bien común como fin perseguido, ya que hacen cualquier cosa para tratar de desplazar a los Kirchner y obtener ellos el poder que, hoy por hoy, tiene y ejerce el matrimonio presidencial pero, en cambio, no hacen absolutamente nada para lograr el bien común y ni siquiera proponen qué hacer. Alejan y postergan indefinidamente el tratamiento de las cuestiones centrales, de fondo, que llevarían al bien común, es decir al desendeudamiento de la Argentina y a la disposición de las reservas para el crecimiento de sus habitantes en inversión, trabajo, producción, consumo y proyección futura. Podrían ocuparse de esta finalidad primordial de la política y colaborar con la Presidente, secundándola y aún ideando propuestas superadoras, esto sería actuar sujetándose a una ética política. Prefieren en cambio tratar de descalificar a la Presidenta, desprestigiarla, desgranar cínicas chicanas, como la del glacial y siniestro Prat Gay que dice que si la comisión bicameral emitiese su dictamen estaría colaborando con el Gobierno. Es necesario remarcarle que estaría colaborando con el País, con el conjunto del Estado Argentino y su gente, con el bien común aristotélico y que, de ese modo, poniendo sus miras más allá de lo pequeño, formal e inmediato, tendría, con el conjunto de la oposición política, posibilidades muchísimo mas serias de que el electorado ponga en sus manos el trofeo del poder político.- Esto si la oposición renunciara a sus infinitos sofismas, trampas y chicanas y se decidiera a actuar con ética política.-

Amílcar Luis Blanco.