Google+ Badge

Google+ Followers

Seguidores

Translate

martes, 19 de enero de 2010

LA LAMPARA DE ALADINO Y EL OJO DE AGUJA BIBLICO

LA LÁMPARA DE ALADINO Y EL OJO DE AGUJA BÍBLICO.-Así como el genio de la lámpara de Aladino representa el mito de la potencia para realizar nuestros deseos como un objeto perdido con el que podríamos toparnos accidentalmente, aunque seamos pobres, es decir, la creencia en el milagro que mejorará nuestra vida, azaroso e infinitesimal, el del ojo de aguja para que un rico entre en el reino de los cielos de los evangelios, me ha llevado a considerar, en estos días de debate mediático, invirtiéndolo, que el ojo de aguja para que un pobre pueda ingresar al reino de la libertad de expresión, muy improbable o casi imposible para el pobre tanto como el milagro del encuentro con la lámpara, es o fue hasta ahora, que duda cabe, el derecho de propiedad. Pero no un derecho de propiedad cualquiera, el que nos basta a la mayoría de nosotros para comer, vestirnos y tener un techo y a veces ni siquiera eso, porque ese sería un ojo de aguja ancho que nos incluiría a todos, sino el más estrecho, el que se dimensiona en base a una selectividad suficiente, que si bien no es apta para ingresar al reino de los cielos, habilita al elegido por la fortuna como para subirse a un último modelo, tener una embarcación y ausentarse de vez en cuando a Europa a Miami o donde fuere. Es decir, para ser dueño de un periódico de circulación respetable, de una radio o un canal de televisión de alcance más o menos ponderable, hasta hoy, hay que ser propietario también de una considerable cuenta bancaria; ya sea que el señorío lo ejerza una persona de carne y hueso o una asociación de personas se deben reunir las sumas de dinero necesarias para adquirir o alquilar inmuebles, equipos costosos, contratar personal especializado, etcétera.
Es por eso que los servicios de difusión de información y opinión, sobre todo los que se cumplen a través de medios audiovisuales, van a parar a manos de los que más tienen ¿Cuántos pequeños operadores de cables o radios tuvieron que venderles sus emprendimientos a los monopolios? También es una verdad que los que más tienen se asocian irremediablemente con sus pares, ya que, si entre bueyes puede haber cornadas, las heridas de quienes podrían competir embistiéndose se curan de antemano formando un frente común, monopólico, únicamente entre ellos y, también, entre quienes pueden pagarles los costosos espacios que utilizan en centímetros de papel o en ondas radioeléctricas o en microondas para difundir publicidades también costosísimas. “Si no puedes con el enemigo únete a él” y “la plata llama a la plata”, como se suele decir, refiriéndose en ambos casos al proceso de concentración; en este caso de riqueza y de medios. Pero no sólo a la plata llama la plata, sino también a los que tienen la plata y el poder, y a las ideas o los principios que suelen inspirar el pensamiento de los felices integrantes de esta clase social “unida” a la que materialmente, para vivir y sostenerse, le basta con asistir a reuniones sociales para establecer contactos o a sus despachos a dar directivas desde celulares y computadoras, sin que jamás pese sobre ellos la angustia, ansiedad, miedos y otras preocupaciones fastidiosas como la de llegar a fin de mes que, en cambio, deben sobrellevar la mayoría de desheredados a quienes se dirige sin pausa el mensaje que los amos mediáticos producen, crean y emiten inspirados en sus ideas y pensamientos de “unidad”. Es así que el mensaje de los que más tienen orienta la vida y el pensamiento de los millones de seres que vivimos como podemos y pagamos hasta lo que no tenemos para que lo sigan haciendo. Nos dice qué es importante, en quién debemos creer, cómo debemos comer, vestirnos, caminar, amar, desear, odiar y, sobre todo, qué debemos tener y comprar para que nuestras vidas sean exitosas y, por último, qué debemos pensar. En realidad nos dejan sordos y ciegos con un alud incesante de discursos, imágenes, propagandas, noticias, informaciones, opiniones, etc., que machacan sobre nuestras conciencias noche y día relegando nuestra capacidad crítica de respuesta a una especie de desván de objetos perdidos en un rincón de nuestros cerebros. En una palabra, nos descerebran.
De ahí que la importancia de la nueva norma que regulará los medios audiovisuales, al quebrar los monopolios ejercidos por los capitales privados, asignándoles un tercio de las ondas y permitir que una tercera parte del espacio audiovisual sea ocupado por personas y entidades sin fines de lucro y otra tercera parte por el Estado, tiene el doble efecto de achicar el ojo de aguja para el capital monopólico y de agrandarlo para los que menos tenemos, poniendo en nuestras manos el poder de acceder al espacio audiovisual con recursos modestos, ya que se proyecta sobre la posibilidad que tendremos de rescatar nuestra conciencia crítica del desván de objetos perdidos como una vieja lámpara de Aladino, para que podamos encontrarnos con nuestro genio creativo hundido y llevar una vida nueva en la que nuestros deseos surjan de la autenticidad que confiere la verdadera libertad, que es la de poder elegir y tener para hacerlo distintos mensajes, entre los cuales, también, habrá más posibilidades de que esté el nuestro si, aún con escasez patrimonial, somos capaces de unirnos.
Amílcar Luis Blanco
DNI. 7.785.018