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martes, 14 de septiembre de 2010

Ciertos periodistas y sus fantasmas.

A Kirchner, desde la perspectiva de los autodenominados periodistas "independientes", no se lo juzga por lo que es o ha hecho, preferentemente. Se lo evalúa más bien por lo que otros personajes históricos han hecho mal y se proyectan sus sombras denostatorias sobre él. He leído o escuchado en los medios comparaciones con Hitler, la revista Noticias sacó en tapa una fotografía trucada mostrándolo con los bigotitos del furher, con Stalin, en el programa televisivo conducido por Alfredo Leuco con participación de Pepe Eliaschev, siempre aludiendo a una supuesta filiación totalitaria. Se olvida sin embargo que durante su gobierno no hubo represiones, ni muertos, excepto el caso de Fuentealba en Neuquén, bajo la gobernación de Sobish. Tampoco se recuerda que cuando intervino la provincia de Santiago del Estero llamó inmediatamente a elecciones o que juristas como Zafaroni, neto garantista y partidario del más estricto y pormenorizado control al poder punitivo del Estado, han llegado a la Corte Suprema de Justicia durante y merced a la gestión de Néstor Kirchner. Hoy sus problemas de salud parecen también dar oportunidad a Joaquín Morales Solá o a Carlos Pagni, desde las páginas de La Nación, para echar sombras sobre su futuro político, inventando una debilidad o fragilidad supuestamente causada por ese falso autoritarismo que se le atribuye. Los medios hegemónicos han creado así, por medio de sus plumas más caracterizadas, en realidad enfermizamente grandilocuentes, un fantasma, una especie de cuco político que jamás ha existido, pero que vive y se desarrolla en las calenturientas mentes de esos escribas, inspiradas en odios, preconceptos, intereses y culpas irredimibles de un pasado de terrores y genocidios. Es hora de que los protagonistas de la política argentina sean vistos sin esos velos distorsionadores de su personalidad y carnadura reales y actuantes, dejando de proyectar sobre ellas las sombras del pasado. Néstor Kirchner es hoy lo que es hoy y lo que ha sido durante su presidencia en el inmediato, casi inminente pretérito que todos llevamos puesto todavía a la hora de tener que decidir nuestra continuidad histórica y política. Su ser de carne y hueso, felizmente sano y ojalá que por muchísimos años para bien de todos, no es ese fantasma que pretenden los falaces escribas, alcahuetes de los intereses monopólicos a los que rinden pleitesía constante para asegurarse una vida cómoda y sin compromisos de transformación, es un estadista con todas las letras, republicano, democrático, firme en sus convicciones y programas de acción que ha sabido hasta ahora lo que quiere y cómo conseguirlo. Los titulares de los intereses para quienes escriben esos plumíferos preferirían un político dócil, permeable, timorato y pusilánime, inservible, inoperante, como los que abundan en la política argentina, pero que saben disfrazar su cobardía y aparentar, que pueden sentarse a la mesa de Mirtha Legrand e, incluso, darse la espalda sin sospecha. Ninguno de ellos se acerca siquiera a la carnadura real de Néstor Kirchner que representa a la gran mayoría, a seres que no tienen poder económico, social o político, o que sólo lo tienen a través de él como grandes multitudes inermes en esta nueva DEmocracia, verdaderamente representativa. Y eso, mal que les pese, lo verán en las urnas, en el 2011.- Como en la obra de Roberto Arlt, "El escritor y sus fantasmas", aquí y ahora, ciertos periodistas están devorados por sus propios fantasmas.