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domingo, 5 de septiembre de 2010

La desrealización de la verdad

Los medios hegemónicas procesan la información y la desrealizan al engolfarse sus discursos en las intenciones y deseos que manifiestan para proteger los intereses de quienes los explotan ¿Qué quiero decir? Que las significaciones y sentidos que se le da a lo que pasa es siempre sesgado y subjetivo, entendiendo por subjetividad - si cabe - la que anima a los titulares de esos intereses como grupo homogeneo y coherente que necesita interactuar y expresarse para obtener metas, fines y resultados concretos. En una Democracia, hasta aquí, todo estaría bien y no sería reprochable. Pero cuando esa expresión de intereses concretos se apodera o pretende hacerlo del espacio radioeléctrico o televisivo para propalarse la extensión o cantidad de ese espacio debe ser proporcionada, no mayor, ni menor, en lo posible, al mismo y único espacio al que tienen derecho los titulares de otros intereses cuyos discursos son sectoriales, a veces, muchas veces, divergentes. Se trata de reprimir el monopolio o el oligopolio que tienen posiciones dominantes en el mercado de la información y la opinión. No sólo debe cuidarse que no haya censura previa por parte del Estado para publicar las ideas por la prensa o por los medios audiovisuales, como quedó plasmado en el mandato constitucional de 1853, se trata también ahora de impedir que un medio monopólico u oligopólico ahogue o anule las ideas diferentes o divergentes, en el caso con proscripciones materiales, que imposibiliten a otros publicarlas en la prensa o difundirlas por la radio o la televisión. La falta del insumo básico, el papel, en el caso de la prensa, cumple ese propósito obstructivo de la libertad de expresión cuando se retacea o cuando sólo los medios monopólicos tienen acceso al mismo. Esto es clarísimo, más allá de los dimes y diretes, los chusmeríos, que los medios privilegiados por el dominio de ese bien básico, el papel, avivan y alientan para enturbiar el mundo de valores simbólicos en que se desenvuelve la ética de la sociedad en el aquí y ahora. En este contexto llegar a esclarecer debidamente la verdad en el caso del traspaso de acciones de Papel Prensa de los Graiver hacia la sociedad conformada por Clarín, La Nación y La Razón, respecto de la connivencia entre estos tres diarios y la junta de comandantes del proceso es esencial por una doble motivación. La primera es que la concreción del autoabastecimiento en materia de pasta de celulosa y papel no significara simultáneamente el establecimiento de un monopolio en beneficio del establishment, y, si a eso apuntó y parece que fue así, entonces está bien que una ley de la Nación termine con esa injusticia garantizando la concurrencia al mercado de todos los medios en pie de igualdad en materia de precios, cantidades y calidades, y, la segunda es que si se trató de un despojo conseguido mediante torturas, chantajes y privaciones ilegítimas de la libertad, sin forma de procesos judiciales, en el marco del terrorismo de Estado, y parece que fue así, quienes obtuvieron esta ventaja desmedida y sobredimensionada en perjuicio del conjunto social, cometiendo delitos de lesa humanidad, el entuerto debe ser deshecho y el equilibrio restablecido en beneficio de todos. Aquí cobra vigencia y actualidad aquella frase tan recurrida y tan cierta: "sólo la verdad nos hará libres", ya que, como escribiera Mariano Moreno: "Si los pueblos no se ilustran, si no se divulgan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que debe y lo que puede, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y, después de vacilar entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruír la tiranía".-