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sábado, 25 de septiembre de 2010

La temporalidad histórica

No es la que definieran Hegel o Niezstche, es, más cerca de Heidegger, no ubicable ni en el espíritu abstracto hegeliano, ni en el eterno retorno niezstchiano, sino en este ser en el mundo de cada uno de nosotros absorbiendo lo ajeno, lo otro, además irresistible y que nos llega de todas partes, de todos lados. La subjetividad histórica es la que nos toma y realiza con nosotros una suerte de edición momentánea pero anonadante a la vez, es la que nos da el perfil mundano del que no podemos escapar. Ese famoso lugar común de que pertenecemos a una época o estamos como impregnados de ella. Aún en una vida que se cumple desde la niñez a la ancianidad hay diferencias de subjetividad histórica ¿Cómo puede hablarse de una subjetividad histórica si la historia es una constante creación cultural, además permanentemente indefinida y no es creada por sujeto alguno? Lo cierto es que aquélla frase recogida por Ortega y Gasset en la Rebelión de las masas, del "no hacemos, se hace", lo anónimo y exento de compromiso de las actitudes de los habitantes de una época remite a este concepto de subjetividad histórica. De este concepto interesaría destacar que siempre se han, más o menos, caracterizado las épocas históricas y esas caraterizaciones han respondido al alma subjetiva de cada uno de estos períodos connotados por los historiadores. De modo entonces que el perfil de una época, la subjetividad propia de la misma, parecería volver cada vez por sus principios abriendo una nueva pregunta para que se la explique o se la ilumine. En esta época histórica podría hablarse de una subjetividad globalizadora o globalizante y también de un haber descubierto los velos que la nublan o que enervan y antes invisibilizan la posible acción de orientación humana sobre ella. Y estos fines humanos a la vez que servirían para trascenderla y mejorarla quedan envueltos en ese mutismo o invisibilidad. Será tema del siguiente artículo.