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viernes, 17 de septiembre de 2010

El universo fantasmático

Siguiendo con la idea del artículo anterior, el universo fantasmático es tanto el universo de fantasmas creado por los medios hegemónicos como el desplazamiento en acciones de esos personajes ficcionales, interpretadas por estos medios que tratan de crear y mantener continuamente una ilusión de verdad que campeé en ese mundo virtual, sostenido en los soportes de recepción de audios, imágenes o palabras impresas, cuyos destinatarios últimos somos los espectadores, oyentes y lectores. Es como los dibujos animados que alegraban y alegran la sedienta percepción de los niños, ávidos y absorbentes, recién llegados al mundo, consiguiéndolo porque ellos todavía no habitan del todo el mundo de la realidad. Sobre los adultos en cambio se yuxtaponen las imágenes que llegan de ese ámbito surtidor de artificios y la interacción con los otros seres en el mundo real. Semejante colisión, para no sumirnos en la perplejidad, pasividad o desesperación por impotencia, exige una constante vigilancia y trabajo crítico sobre el material que los medios vuelcan a mansalva en nuestras sensibilidadades y conciencias. Este marasmo entre lo fantasmático y lo real produce desorientación, anomia, pérdida de valores y, muy a menudo, un escepticismo o descreimiento que desemboca en estados depresivos.- Quiero decir que si la gran mayoría de desposeídos contemplan continuamente de cuantos bienes y servicios están excluidos, por ejemplo, la insatisfacción por lo que tienen les quitará la felicidad y la voluntad.- Ese sería uno de los efectos posibles, hay otros.- Como de lo que se trata, creo, mientras estamos vivos, es de defender nuestra alegría como propone Mario Benedeti en uno de sus poemas y evitar el efecto catástrofe, hay que procurar que se multipliquen las opciones y que las fuentes de sofismas con que se nos regala cotidianamente en esta sociedad consumística sean tan variadas y distintas como para que, ejercitando nuestros criterios, nuestros sensores sensibles y conscientes,podamos elegir de modo que nuestros ánimos no se deterioren de entre todos los mensajes aquéllos que no nos parezcan tan falsos y, promediar, lo fantástico con lo documental. Es decir, como en las comidas probamos sabores dulces, amargos, salados, agrios y etcétera, también nuestros vidas tenemos derecho a no convertirnos en fantasmas, a no transitar por un mundo fantasmático y a encontrar en el mundo real la dicha de ser y vivir.