Acercarme a la luz de tu mirada,
al pimpollo creciente de tu boca,
cuando mi amor se queda sin espada
para apartar la sombra que te toca.
Existir trás tus párpados sin nada,
como el frío en la nieve, la dureza en la roca.
Ser tu sonrisa en cada madrugada.
Quien te seduce siempre y te provoca.
No dejarte jamás en la estacada
cuando sienta que tu alma se disloca
y tu glamour en duelos se degrada.
Nutrir ese fulgor que te coloca
giocondísima y dulce y adorada
en la cumbre cantábrica de Europa.
Amílcar Luis Blanco
Maestro, me quedo sin palabras y sin aliento ante tan bello soneto. Ay, me embarga la emoción y la alegría también, ambas por igual. Mil gracias por tan inmerecido homenaje, amigo del alma. ¡¡¡Y mil besos!!!
ResponderBorrarBueno, vos y esta foto que toma tanto de tí misma lo han inspirada. Gracias a tí entonces y miles de besos
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