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martes, 24 de septiembre de 2013

LA SOLEDAD



Vengo de las tendencias ultrajadas
de pretender comunicarme.
Pero tú, soledad, que ardes
por todas partes,
incendiada por todos tus costados,
desmesuradamente.
Tú, soledad urente,
quemante,
atrevida fémina sin deleites,
ni afeites,
con piernas de largos muslos lucientes;
cara prostituta,
máxima desoladora sádica.
Tú, soledad, vienes a decirme ahora,
¿qué engaño?
Si hasta en tu comparencia insólita o mañida
no se te soporta y, desesperado,
cualquier mortal busca lanzarse a lo desconocido
antes que experimentarte
y sufrir tu desoladora compañía
amalgamada en la ansiedad y la ausencia.

Vengo de las intenciones violadas
de pretender decir y que me escuchen
y querer escuchar lo que me digan.
Soledad que sacudes, hieres, vejas,
tangenciales tus filos de acero,
quebrando la tibieza, el equilibrio,
para dejar un aire y gravedad vencidos,
fingidos, desangelados y vacíos.
Quién pudiera olvidarte,
disentirte,
dejarte pasar como a las nubes no miradas,
apostado
sobre el rellano de la indiferencia más solemne
y la quietud más fría
en una distancia infinita sin retorno.



Amílcar Luis Blanco.  ("Pintura figurativa de mujer" Oleo sobre lienzo por Soledad Fernández)