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sábado, 8 de agosto de 2015

EL OLVIDO (Silva)





"No me mueve, mi Dios, para quererte 
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte."

El cuarteto correspondiente a este soneto, quizás el más grande de la lírica castellana, se atribuye indistintamente a San Juan de la Cruz y/o a Santa Teresa de Jesús y/u otros.- Personalmente, por su acabado estilístico, creo que su autoría podría corresponder a San Juan de la Cruz.- Lo he puesto como acápite de esta Silva, que ensayo por primera vez, porque el olvido, tema entre otros también borgeano, sugiere que aunque se cambiasen los supuestos mismos de la vida de Jesucristo, su promesa de un cielo, su amenaza de un infierno, el amor se seguiría cumpliendo, sin sentido, sin explicación, sólo el mero hecho de ser lo habilita y sólo se puede comenzar el amor de cada día sobre la base del olvido. Si no tuviésemos la facultad de olvidar nuestra vida se transformaría en un infierno de eternidad del que no podríamos salir porque además el único olvido total posible es el de la muerte.-

Vamos perdiendo en vano
frescura y juventud constantemente
y en vano lo sentimos
y en vano ardientemente
queremos olvidar lo que aprendimos.
El olvido nos hace
sentir que cada día es el primero.
Inauguramos soles.
Vencemos el dolor al olvidarlo.
Y la jodida muerte
transfunde su leteo presuroso
en un lecho de arroyo
y mezcla gracia con desgracia siempre.
Por eso nos confunde.
Su ambigüedad maquilla cada susto.
Tras la surgente risa
hay un llanto esperándonos y un gusto
por el luto y la prisa.-
El olvido en la máquina del tiempo
es la pausa de nada.
Uno olvida lo mal que ha procedido.
Se siente entonces limpio.
Se lanza hacia una nueva encrucijada.
Da la espalda a la vida ya vivida.
Olvidar el olvido
y navegar por siempre en lo vivido,
ingresar en la eterna
historia personal y solitaria,
hazaña temeraria
sería y "el infierno tan temido"

Amílcar Luis Blanco ("Muchacha a orillas del mar", Oleo sobre lienzo por Cristina Alejos)