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domingo, 9 de agosto de 2015

RUTINA (Silva en asonancias)




En el extraño cielo de las dudas,
donde todo es posible,
siento desde el extático horizonte
de un día la coyunda
y el ocaso me pesa fulgurante.
Aplasta mi cabeza
y me hace buey y condenado esclavo
la dureza y el fuego
de una rutina que al trabajo vela.
En la hora violeta
de la que hablara Eliot en su Londres
un Támesis deshuesa
lo que queda desasido del hombre
una vez que la noria
del día en la oficina o fábrica
lo deja libre y solo.
Una suerte de pálido naufragio,
un vuelo sumergido.
Quizás la pipa, el diario, el trago,
todo lo que le queda
sirva para apagar las horas muertas,
ausencias de sentidos,
cundiendo en el hogar, entre los suyos.
Un vago asunto simple
que llame su atención desde la calle,
lo atraiga a la ventana,
le deje ver el paso de un viandante,
una gota olvidada
aferrándose al vidrio transparente.
Él fumará en su pipa,
en su diario verá que todo sigue
y apurará su trago
contra una oscuridad que todo funde.

Amílcar Luis Blanco ("La rutina", acrílico por Fausto Guillén Cejas)