Seguidores

Translate

martes, 12 de junio de 2012

EL FUMADOR





El humo azul del cigarrillo mece
la sombra con sus hilos y repasa
el aire decaido de la casa
y después, cual temblor, desaparece

Sólo en el fumador deja y acrece
junto al deseo de aspirar su brasa
una ceniza unánime que abrasa.
Le va secando vida y no parece.

Empedernido en humo se solaza.
Con nicotina y alquitrán empece
el oxígeno, el cielo de una plaza.

El fulgor del arder llama y enlaza
al destino fugaz de quien perece
por sorber hasta el fuego que lo cuece.



Amílcar Luis Blanco  ("El fumador", obra de Eduardo Iglesias Brickles)

ESTABA



Hay sombra y corazón en esta tarde
de reunidas ausencias y fantasmas
en la que me busqué sin encontrarme.
Ya no estaba con nadie.

Ni siquiera conmigo.
Estaba en tus palabras, quizás,
o en tus silencios.
Más cómodo, confieso,
en estos últimos.
Estaba en el sonido de los trenes,
que llegan y se van
y son ausencia y a la vez distancia.
En los que van al nunca o al jamás,
los que sueñan sin Dios
y están absortos
contemplando la luz de una palabra.
Estaba, se que estaba.
Porque, ahora,
me tiemblan las pupilas de no verte.


Amílcar Luis Blanco  (Obra en homenaje a Oswaldo Guayasamín de Lisandro Orozco)

sábado, 9 de junio de 2012

ENTRAR EN TÍ





Entrar en tí, fundirme, estremecerme,
hasta el tuétano mismo del mareo
y en el ojo de aguja del deseo,
en mi extremo más lábil conmoverme.

En el sismo sensual reconocerme,
sintiéndome a la vez esclavo y reo
de tu capricho y de tu devaneo.
Insistir en tu ser hasta perderme.

Dejar sin brida y freno, sin arreo,
mi desbocado potro y atenerme
al voluptuoso azar de tu pareo;

rogar para que se alce solo al verme
y me ofrezca su ardor sin escarceo
por dejarme en su luz para quererme.

Amílcar Luis Blanco


PONES LA LUZ (Soneto)



Si me visto con sombras, anochezco,
la yesca del relámpago se apaga
y transforma en mi pólvora y mi lava
tu frutecido sexo que apetezco.

Para hacer que te ame virgen, fresco,
encendido en mi ser, tu ser propaga
una fluencia flamígera que alaba
el deseo caudal al que amanezco.

De tu mirada y de tus labios crezco;
me potencia tu amor y me desclava
las umbrías agujas que padezco.

Pones la luz y el fuego donde daba
al fenecer en hielo si ennegrezco
la desazón y angustia, lo que acaba.





Amílcar Luis Blanco



miércoles, 6 de junio de 2012

CAFÉ DE MAÑANA.-


Sobre la nata del café la luz se detiene en mis ojos.
Tras el vidrio las nubes se disipan.
Estoy sentado y veo a la esperanza
siguiendo en cada sombra a cada gente;
a la que pasa,  se detiene o habla
dentro de la temporalidad de la mañana,
de una atmósfera clara traspasada por su exterioridad,
por el viento, por las emanaciones de los automóviles
y por las soledades, las ausencias y los gestos rituales
Escucho las sirenas, los motores, las voces que se mezclan.


Acerco la taza a mis labios y en el café me bebo
la porción de mañana y a mi mismo
pensándola, pensándome y le agrego
soledad, esperanza, sombras, dudas,
amargo y dulce líquido, pasados,
cuerpos, rostros, amores, y hasta risas
repercutiéndome en el cuerpo entero.
Trato de removerme en la costumbre de tomar un café;
de ser mis otros, los que me habitan sólo intencionales
y les pido en silencio que me contesten algo.

Amílcar Luis Blanco





martes, 5 de junio de 2012

MUJER ANFIBIA



Mujer anfibia,
hiere el lunar de tu empeine
mi pupila,
y cada rojedad denuncia tibia
tu fiebre impar para que reine
mi potencia de Atila.

¡Ay ninfa si pudiera
tu corola de labios
cubrirla con los míos!
Tu lengua petenera,
sus gozosos resabios,
limpiártelos de hastios.

Doncella fiel
de los lascivos dones
guardados en tu sexo,
Afrodita y Luzbel,
de premios y perdones,
en tu venéreo plexo.

¡Quién pudiera tenerte!
Estar contigo eternas lunaciones
Fertilizar las piedras
en magma rojo y verde
para que latan como corazones
Y en tus ebúrneos dones
ablandar esmeraldas para hiedras

Amílcar Luis Blanco



viernes, 1 de junio de 2012

VIGILIA ENAMORADA





Procúrame tu lúbrico tormento.
Dame tu voz, la miel de tu mirada
Y también tu vigilia enamorada.
Quiero estar en tu álgido momento.

Ingresar a la luz en movimiento
de dos cuerpos gozando una estocada,
brindar con nuestras bocas la charada,
de mutar sensación en sentimiento.

Llevemos nuestro amor al tramo lento
de libarnos sin fin hasta la nada,
hasta el tuétano mismo del aliento

hasta dejar que sólo pueda el viento,
lamer en nuestra piel ya sosegada
lánguida la lascivia y agotada.


Amílcar Luis Blanco  ("El abrazo" por Oswaldo Guayasamin)