
Mujer anfibia,
hiere el lunar de tu empeine
mi pupila,
y cada rojedad denuncia tibia
tu fiebre impar para que reine
mi potencia de Atila.
¡Ay ninfa si pudiera
tu corola de labios
cubrirla con los míos!
Tu lengua petenera,
sus gozosos resabios,
limpiártelos de hastios.
Doncella fiel
de los lascivos dones
guardados en tu sexo,
Afrodita y Luzbel,
de premios y perdones,
en tu venéreo plexo.
¡Quién pudiera tenerte!
Estar contigo eternas lunaciones
Fertilizar las piedras
en magma rojo y verde
para que latan como corazones
Y en tus ebúrneos dones
ablandar esmeraldas para hiedras
Amílcar Luis Blanco
Es bellísimo, Amílcar, de una eroticidad sublime y exquisita. Denota el amor y la pasión que derrochas con tu amada, de eso no queda la menor duda después de leer tan hermosos y entregados versos.
ResponderBorrar¡Gloria a tu poesía por eternas lunaciones, Maestro querido!