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miércoles, 27 de junio de 2012

Por la ribera gris ...




"Guarda la permanencia del instante
en un cofre de lúbrica pezuña,
que cuando no lo saben les eriza la carne..."

Amílcar Ovidio Blanco

Por la ribera gris y nebulosa,
la que podría frecuentar un ángel
en un alcohol sin Dios,
evanescente,
adentrado en hipnótica mirada,
puesto en mi traje de funcionamiento,
después de  basureros y metrallas,
cuando en la calle sólo quedan sombras,
comparece entre luces la mañana
y a los costados de mis sienes
desde las ventanillas se derrama
dentro del automóvil
todo lo que no soy y me resiste.
Sólo quedo hecho autómata y tiempo;
fugaz instante, raudo movimiento
ubicuo frenesí de procelosa nada.

Vengo de antiquísima alcoba,
sin dosel, baldaquino, velo o ángel;
del reflejo simiesco,
de carámbanos húmedos,
de cavernas a tientas descubiertas
para guardar el miedo
y velar el silencio hasta que escampe
y destile su gozo más secreto,
el del sabor a luz de la palabra.
Vuelvo a la claridad
del ésto y del aquéllo
desde el follaje intenso;
del rucio al caballero;
de las piernas con garras,
lo ambidextro,
hasta el ábaco digital
y la computadora
al automóvil, la autopista,
al salario; al muñeco secreto
que opina y que discute
en el aro mortal de su corbata.

Y la nostalgia ruge, pero toso.
El tigre menudea aunque sonría.
Y el ojo aún extiende
su hontanar de reptil
a la distancia.
Y el celo del rubí titila y arde
y extiende el corazón como si fuera
una hoguera en la noche;
un faro en la borrasca
Pero vuelvo a la alcoba
y al lecho preparado.
Y la sombra en barbecho me devora.

Amílcar Luis Blanco. (Pintura "El hombre primitivo" por Juan David Álvarez)