
El humo azul del cigarrillo mece
la sombra con sus hilos y repasa
el aire decaido de la casa
y después, cual temblor, desaparece
Sólo en el fumador deja y acrece
junto al deseo de aspirar su brasa
una ceniza unánime que abrasa.
Le va secando vida y no parece.
Empedernido en humo se solaza.
Con nicotina y alquitrán empece
el oxígeno, el cielo de una plaza.
El fulgor del arder llama y enlaza
al destino fugaz de quien perece
por sorber hasta el fuego que lo cuece.
Amílcar Luis Blanco ("El fumador", obra de Eduardo Iglesias Brickles)
En todo cuanto te rodea hallas profundidad y reflexión, y sabes plasmarlo con belleza, mi querido Maestro.
ResponderBorrarUn beso etéreo como humo.