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miércoles, 6 de junio de 2012

CAFÉ DE MAÑANA.-


Sobre la nata del café la luz se detiene en mis ojos.
Tras el vidrio las nubes se disipan.
Estoy sentado y veo a la esperanza
siguiendo en cada sombra a cada gente;
a la que pasa,  se detiene o habla
dentro de la temporalidad de la mañana,
de una atmósfera clara traspasada por su exterioridad,
por el viento, por las emanaciones de los automóviles
y por las soledades, las ausencias y los gestos rituales
Escucho las sirenas, los motores, las voces que se mezclan.


Acerco la taza a mis labios y en el café me bebo
la porción de mañana y a mi mismo
pensándola, pensándome y le agrego
soledad, esperanza, sombras, dudas,
amargo y dulce líquido, pasados,
cuerpos, rostros, amores, y hasta risas
repercutiéndome en el cuerpo entero.
Trato de removerme en la costumbre de tomar un café;
de ser mis otros, los que me habitan sólo intencionales
y les pido en silencio que me contesten algo.

Amílcar Luis Blanco