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domingo, 23 de mayo de 2010

La conciencia

Suena un tango en la tarde melodiosa
en la radio y mi memoria encendidas
o incendiadas
y pobladas de pálidas preguntas
de imágenes que bailan,
con llantos y sin llantos
y con risas,
sobre los mostradores y las mesas
y los pisos construidos de maderas y escándalos.
Hay rugidos de aceros de cuchillos,
de varones jugándose
y naipes envarados como filos fatales;
hay gemidos
de mujeres con labios pétalos
muslos dunas,
y senos médanos
que son como madonas
en galerías hechas de cristales y espejos
encaramadas en las estanterías y los muebles,
trepadoras insomnes
de ojeras azuladas
maquillándose y reverberando
dentro de los caireles que mueven las brisas.
Arborescencia,
sigilo,
cavernas de blandura,
abriéndose,
ofreciéndose lascivas,
yéndose,
exiliándose de cuerpos,
iguales a la vigilia en el desierto
y a promesas de lluvias sobre arenas
llegadas con las nubes
que son sólo espejismos.
Alas de aves pondrán huevos de agua
prolongaran mis manos en objetos
Una constante esfera con espejos
hace la luz
enfoca los rincones
y proyecta pasados
en la errabunda niebla de mi inercia,
como un caleidoscopio.