Google+ Badge

Google+ Followers

Seguidores

Translate

lunes, 24 de mayo de 2010

LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y LEGITIMIDAD.-Ricardo Gil Lavedra publica un artículo en el diario “Tiempo Argentino” de hoy, 24 de mayo de 2010, titulado “Una agenda todavía pendiente” con el que discrepo profundamente. Después de pontificar con obviedades decimonónicas acerca de la libertad de expresión, admitir algunas notas positivas en la nueva ley de medios de comunicación audiovisuales por ir en contra de la concentración de medios en una sola mano, concediendo que es un paso alentador procurar una mayor pluralidad, se refiere a que hay pasajes en la norma que intentan instalar una indebida presencia gubernamental en el campo de los medios de difusión.
Esta visión consagra una interpretación superficial, insuficiente y equivocada no sólo de la ley, sino también de la libertad de expresión y de la raigal y profunda relación que ésta tiene con la legitimidad.
Resulta muy difícil defender la independencia de criterios necesaria para formar opiniones cuando los medios hegemónicos privados, por el sólo hecho de no ser gubernamentales u oficiales, pretenden monopolizar también la legitimidad. Es decir, pretender que sólo para ellos, por pertenecer a capitales privados, rige la letra y el espíritu de la Constitución y de las leyes. Se olvida, a veces con cegueras generadas por la frivolidad de una cultura de afiches, ecuménica, consumística y superficial, y otras, con evidente mala fe propia de los “creadores” de opinión, que la legitimidad está en el origen, la construcción y el sostenimiento de los estados de derecho, que han sido votados, casi plebiscitados, por las mayorías populares. Que es el pueblo, mayoritaria y masivamente considerado, es decir, desheredado, paria, impotente, anónimo, marginado, casi insectificado, el que suele asistir impávido a la suplantación constante de su identidad por esa cultura de afiches, de desencuentros kafkianos, producida por las usinas hegemónicas y que su única defensa contra tanto alud direccionado e interesado en manipularlo es el gobierno que ese pueblo eligió. Que por ello, el gobierno que lo representa es sagrado en una auténtica democracia republicana, cuyas raíces van más allá de las fachadas y las propagandas oportunistas, porque está unido a su corazón, ya que es depositario de su dignidad y autoridad, así como al respeto a la vida y los derechos humanos de quienes son sus representados.
No es verdad entonces – como sostiene el artículo -, que cuando el gobierno dispone y utiliza medios de comunicación lo haga de una manera desfachatada y sólo para hacer propaganda de su gestión. Lo hace sí para defender su gestión, hacerla conocer y defender también los derechos de sus representados frente al monolítico ninguneo de sus obras o al sesgado e interesado modo de comunicarlas, malversándolas para el entendimiento público, que ejercen los monopolios privados mediáticos que defienden sus intereses de grupo pretendiendo hacer creer que son los intereses de todos. Al defender su gestión, el gobierno saca un rédito político que se identifica con el de sus gobernados. Si el gobierno adoctrina a sus seguidores los monopolios mediáticos también lo hacen y lo han venido haciendo desde siempre, sin tasa ni medida, imponiendo o tratando de imponer una visión del mundo y de la vida unilaterales. Si ahora esa perspectiva tiene que competir con otras. Las de los desheredados y los parias, las de los marginados de siempre, esta será la auténtica verdadera y reciente libertad para todos que se habrá conquistado.
El aire fresco de la información y las ideas, que quiere el articulista, al que todos aspiramos, será verdaderamente aire fresco cuando consigamos librarnos de los monopolios mediáticos, que tratan de hipnotizarnos e invisilizarnos, y cuando se comprenda que la legitimidad existe y debe existir para todos y que, precisamente, no es propiedad privada de nadie.-