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jueves, 21 de octubre de 2010

El filtro mágico de un sofista

Si en los discursos referidos a la actualidad política – dudoso momento de un tiempo suspendido entre el pasado inmediato y el futuro inminente y acucioso- en la que, en descomunal lucha agonal, con vistas a la muy próxima elección presidencial del año próximo, pelean los probables protagonistas para obtener la primera magistratura, se pudiera fabricar un veneno, un filtro, algo así como aquéllos brebajes con los que soñara don Quijote para transformar sus alucinadas percepciones, sin duda el principal mago o alquimista, el que más ambiciosos y espectaculares resultados se prometería a sí mismo con su industria de escribidor, retórico, el gran sofista, sería Joaquín Morales Solá. Sobre todo si el líquido producto de su industria estuviese destinado a seducir a un suculento candidato para la derecha como sería Scioli, porque en el caso de Cobos su imagen de Judas Iscariote sería muy difícil de levantar.- Desde el título de su artículo del pasado domingo 17 del corriente en La Nación “El secreto encanto de la traición” destila sus precipitados y ponzoñosos componentes, revestidos de edulcoradas y melifluas alusiones a Scioli; de ácidos enervantes para Cobos y corrosivos y urentes para la pareja gobernante. El componente dulce es el tono laudatorio, elogioso, para referirse por igual a Cobos y a Scioli afirmando que ellos, “expertos en flotar en la marea de la vacilación” “saben urdir secretos embelecos” que cuentan con la aprobación social. Otro componente de ese alambicado licor sería la victimización de ambos que, según el articulista, “condenados – como estarían – “al silencio en medio de una política estridente y muchas veces escandalosa (ácido urente para los Kirchner). Sólo la acción o el gesto les (estarían) permitidos en el angosto desfiladero que les tocó”
Si uno descompone este discurso en sus elementos más simples, como si se tratara de un precipitado químico, para comprobar sus grados de verdad, lo primero que habría que evaluar sería que el escenario en el que el articulista los coloca es falso o, por lo menos, armado . En efecto, no hay, no existe tal marea de vacilación, ni tampoco una política estridente y escandalosa y, si esos fenómenos son percibidos por él es porque está inmerso en el mundillo de quienes la generan, que no son por supuesto los ocupantes de la quinta de Olivos. Por un lado los Kirchner saben muy bien lo que quieren, también lo sabemos quienes compartimos su proyecto. Y, por el otro, los conmovidos por ese tembladeral de envidias, enconos, rencores y ambiciones, quienes practican una política estridente y escandalosa y no tienen ideas para promover el futuro, es decir, los opositores, sólo animados por intereses sectoriales, son los que flotan en esa marea de vacilación. Pero, en sus flujos encontrados, no hay expertos, hay sólo náufragos y sobrevivientes. Hombres y mujeres públicos que nadan desesperadamente tratando de encontrar su madero para no ahogarse definitivamente en las inconsecuencias y anacronismos que ellos mismos han generado a partir de una aquiescencia malsana con lo peor de un pasado del que no han sabido cómo o no han querido o podido despegar. Si los Kirchner algo tuvieran que ver en la gestación de ese marasmo nunca veces visto en la historia política argentina, sus participaciones serían las que las extensiones de tierra firme ofrecen, por su solidez, a quienes flotan sacudidos por la tormenta, para vislumbrar o depositar en ellos las esperanzas, necesidades y deseos de una sociedad exhausta por haber sufrido tantos desencuentros al cabo de las últimas décadas; vicisitudes creadas por esa conducción que no se merecen y que difícilmente premien con sus votos. No hay heroicidades posibles entre los integrantes de una actual oposición que antes tuvo la oportunidad de ser conducción y fracasó. Debería haber, eso sí, por parte de los integrantes de esa otrora plana mayor, humildad, reconocimiento de errores, asunción de culpas y disposición para aprender de los conductores de hoy, quienes podrían ser y asumir la condición de maestros y profesores frente a ellos en la escuela histórica de la política, ya que han resultado ser éticos y practicantes de una solidaridad social, honestidad intelectual y acción para el crecimiento económico y la soberanía política real como ninguno de los operadores políticos lo fue antes en estos últimos decenios.-
De modo que basta de mentir, basta del ponzoñoso veneno de las interpretaciones que procuran llevar agua al molino de los mistificadores, mendaces y cínicos causantes de tanto daño. No hay encuestas de imagen que señalen a Scioli y Cobos entre los políticos mejor valorados de la Argentina como sostiene Morales Solá. Ellos están muy abajo en las encuestas y todos percibimos las escasas dotes políticas de ambos para producir nuevas políticas, con la excepción de que Scioli es leal y Cobos es traidor. El mismo articulista reconoce esas carencias, quizás se le escapa su propia observación entre tanta afiligranada verborragia, la que dice que la articulada cabeza de ingeniero de Cobos resulta impotente frente al caos de la política. Después destila o segrega un detonante más de rencor en Scioli, cuando conjetura que Kirchner lo despreciaría, al afirmar que fueron maltratados por Néstor y Cristina para que no tenga futuro político. Esto no es cierto porque para candidato a gobernador de la provincia es el mejor posicionado y los Kirchner no sólo lo han dejado hacer sino que lo han apoyado y estimulado siempre. Lo que sí es verdad es que la oposición carece de candidatos creíbles. Hay que decir además que quienes se han apartado de los Kirchner como Alberto Fernández o Roberto Lavagna jamás han denostado o minusvalorado a la pareja gobernante. Todo lo contrario, se han sentido, y lo repiten cada vez que pueden, coejecutores y participantes de la mejor gestión de gobierno en los últimos años. Tampoco es cierto como, con acidez altamente corrosiva y casi conspirativa, sostiene el articulista que Hugo Moyano haya dicho de Néstor Kirchner que sería un político errático y débil, ya que está apoyando en forma por demás explícita y que no deja dudas su candidatura a la presidencia. Claro que, según la chismosa versión de M. Solá, el principal de la conducción cegetista diría eso ante “surtidos interlocutores” que no se sabe quienes son. A lo mejor el columnista lo soñó y víctima de sus alquimias y embelecos retóricos piensa como don Quijote que sus alucinaciones oníricas son la realidad.-