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jueves, 19 de abril de 2012

El nuevo minotauro



Dionisios recorrió en la madrugada
la playa constelada por su propio sopor.
En su arena, Teseo, sin muestras de dolor
había dejado a Ariadna despechada.

El orgiástico Dios, por su mirada,
de Ariadna cogió el lánguido temblor
del llanto que velaba su mudo sinsabor
y convirtió a la hija de Minos en su amada.

El vino transformó a la enamorada
que fuera de Teseo a ser ya de su ardor,
de su lascivia sólo cautivada,

promiscua, del instinto y el goce, sin candor,
a las fiebres urgentes de Afrodita entregada.
Un nuevo Minotauro nació del desamor.



Amílcar Luis Blanco (Ariadna y Dionisos por Louis Le Nain)