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domingo, 5 de agosto de 2012

EL MAR







El mar es una angustia melodiosa,
una torsión de sales contra el viento,
un paladar de  sombras que devora
líquenes, rocas, roncas soledades
y cuerpos que descienden y reposan
sobre sus arenosos fundamentos.

Verde, azul, farragoso, masculino,
con la edad de la vida se sostiene
contenedor de todos los caminos
amansador de todos los corceles
en un vaivén de pesos balancea
aguas duras y blandas como almas.

Enceguecen sus cielos las distancias
y su tensión de abismos profundiza
la ilusión de un silencio que eterniza
una noche sin fin de resonancias
mientras arriba entre las ondas danza
la luz del incesante movimiento.

Anclas, nácares, óxidos yodados,
corales,  peces turbios y  medusas
arrabales de soles, transparencias,
y piedras que se pulen inconcusas
y tumba de los lívidos ahogados
resumen de sus álgidas ausencias.

Los barcos sus erinias han calado
por castigar con penas y naufragios
furias de Poseidón atribulado
a favor de negrísimos presagios
inspirados en duelos y soberbias
vibrantes en las jarcias y las velas.

Amílcar Luis Blanco (Marina de Viña del Mar, oleo de Carlos Perot)