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sábado, 22 de junio de 2013

LAS PALABRAS


















Suben desde el silencio las palabras,
de ese páramo azul y que conforman
tus vísceras, tus venas, tus nublados.
Ascienden desde ramos interiores,
azules y violetas, bermellones y cárdenos,
a merced del latido
hasta articularse en la garganta,
abriéndose a la voz y construyendo
el transparente acorde del sentido.

Nadie imagina el acendrado origen
del dolor, de ese creciente dolmen
derretido de a poco,
filtrándose al extremo del carámbano;
hecho metal  en el fulgor del choque
con lo raro y lo otro que nos deja encendidos.
Porque primero fue la queja y el aullido,
el grito en alas de estridencia extendiéndose
y al llegar al vocablo se ahogó;
coagulo en la fiebre de lo inefable.

Lo silente interviene los sonidos,
sale desde la sangre, trastorna,
en si contiene todo lo contingente y consabido,
lo callado, el silicio de los dioses; elabora las fiebres,
y alberga desconsuelos y lágrimas y duelos,
aspiraciones truncas y desvelados sueños
y  una turba insurgente de no dichos,
no nombrados, inmunes, debajo de los puentes
anchurosos y largos del olvido;
muchedumbres de mudas ansiedades,
vagan por los estrechos y las calles
o se sientan en bancos de mutismo,
se convierten en cuerpos de fementido mármol.

Y desde todos ellos sin palabras
provienen las palabras,
las escasas palabras que nos visten
para salir al aire del mundo y de la vida
y decirnos lo poco de lo mucho
que tendríamos que hablar para entendernos.
Mudos, desarrapados, en gruñidos, a gritos,
más que nada, reunidos y en silencio,
articulando apenas las escasas palabras,
vacíos, socavados, nuestros inacabables apetitos.
Las palabras nos muerden y son perros hambrientos,
y son lobos de afilados colmillos.
Catárticos fonemas nos confunden,
nos dejan en el campo del olvido,
en un bosque magnánimo de estatuas.

Amílcar Luis Blanco.- ( Paul Delvaux "El jardín", oleo )