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jueves, 20 de junio de 2013

Puedo decir soy música.





















Puedo decir que el alma cuando duele
o consigue su plexo liberarse
y respirar el sol de la utopía,
el oxígeno azul de lo que nace
puede decir soy música y plantarse,
y soy tiempo, sonidos y silencios,
altivos, quejumbrosos instrumentos,
maderas y metales, cuerdas, vientos.

Puedo decir traspaso la materia,
desengaños azules o violetas,
alegrías y cielos y planetas
signos de voz en blanco pentagrama,
escrito con lo negro del duelo en cada nota
y el herir de cuchillos y pesares.
Y que mi hablar,  sonar, es cuando quiero,
se alza en mis antojos veleidosos
y forma cuerpo y alma y se despide
a cada pulsación o golpe o soplo.

Puedo decir navego sobre sueños,
costumbres y quehaceres,
y levo  anclas desde  corazones;
posan sus párpados quienes me escuchan
sobre mis velas,  jarcias,  bordas y retenes.
Puedo decir soy música y entiendo,
aún incomunicado, aún cautivo,
que soy  lenguaje y  angustia promiscuas.
Sufro, gozo, despierto, acuno, silbo.
Acudo del pasado interminable
femenino y fatal en melodía,
masculino en mi ritmo, mi compás,
aún cuando me asuma el gran silencio.

Amílcar Luis Blanco  ("Guitarrista" Oleo de Alfonso Ferro)