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domingo, 3 de noviembre de 2013

AJEDREZ



Aburrimiento alfil, aburrimiento,
tedio, rutina, tedio,
cruza oblicuo su recta, su charada.
Salta el caballo de briosa grupa,
cabalga hacia las torres almenadas,
sabiéndose ser riesgo de caer contra peón
o herido mortalmente por dama o recio alfil
o en cruel postura,
por el trote largo y vengativo de otra cabalgadura.

Batalla del moverse entre tanta quietud amenazante;
la del damero, el suelo que se explaya,
repetido, en idénticos rectángulos y en actitud rampante;
la de la decrepitud y el cálculo del día estrechado por ritos de medalla,
caminos que otros pensaron para tumbar coronas sin metralla.
Pero la dama llama, alta en ser, poderosa,
su belleza reclama, su promesa reposa.

Vagas triangulaciones comienzan en las frentes,
en las efigies vivas que ordenarán las filas
y lanzarán, preñados de estrategia, las tácticas, los puentes
y los ojos sus fuegos, sus estrellas, brillantes o tranquilas.
Y las manos precisas, arañas colectoras, en fatigosa calma
recogerán las piezas donde la espera ensalma
cautelosas estancias;
que en los labios dibujan los tiempos y las ansias.
El ajedrez se juega, se sufre desde el alma.

Amílcar Luis Blanco