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viernes, 29 de noviembre de 2013

UN CANDOR DE PUPILAS




A veces, a menudo, con frecuencia, un candor de pupilas me delata; cola de pavo real y me arrebata y me enamoro así de una apariencia.
Entonces, sin dudar, la real presencia promete dicha eterna y desbarata miedos, prejuicios; me desnuda y ata al alocado amor y a la inconsciencia.
Pero después el tiempo muestra y mata con su revés de sombra, antes latencia, la simulada luz meliflua y grata,
y torna en decepción y en virulencia esa guerra que el odio fiel desata al defender su amor y su inocencia.
Amilcar Luis Blanco