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jueves, 15 de octubre de 2015

ALTRI TEMPI




Estuvo el tiempo; ese geronte
que parece un muchacho.
Y arrastró sin piedad y poco a poco,
tomándoles las manos y los besos,
la terquedad absurda de los sueños
desde el limpio arsenal de las palabras
las domesticidades tan pequeñas
de las que ella y vos eran los dueños.

Estuvieron y ardían y zumbaban
como abejas jocundas junto al polen
que dan las primaveras de la vida.
Alrededor del lirio y la amapola
y de los lagos que desnudan cielos
y de los cielos que desnudan lagos
de ventanas adentro en los encuentros
mareándose de soles en las sombras.

Pero ahora está el tiempo y sólo el tiempo,
este geronte haciéndose el muchacho.
Los ha llevado a la estación de otoño
su tren entre alacenas y distancias.
Les ha hurtado sanguíneos cascabeles
de los hombros, las manos y los labios
y ha mutado en rescoldos las hogueras
que brillaban al fondo de sus ojos.

En realidad el tiempo es, ¿cuántos tiempos?
Días, horas, minutos y segundos,
torrenciales, mordiéndonos las vidas,
deglutiendo materias que se inmolan;
seres que habiendo sido todavía
siguen siendo en las casas, en los parques,
siguen significando ya hechos sentimientos
y caen entre los brazos de infinitos muchachos.

Amilcar Luis Blanco  (Pintura encontrada en una vivienda en Munich de autor desconocido)