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martes, 23 de marzo de 2010

DOS POEMAS

El viento se ha sentado
a mi costado.
Su gestión invisible
se precipita, arrecia,
fluye, se desenlaza,
me pone en las distancias,
parado, de puntillas,
sobre el mar.
Un ocaso se cierne
alrededor del alba
y acomete
la materia indecisa,
rozándome las plantas.
Me sostiene la luz
Nadie estará conmigo
La soledad acude a todas partes
Igual que las mareas
Fluyo desde mí mismo
Soy el viento y el tiempo
El ocaso y el alba
No sabré qué decirte
Cuando vuelva del sueño.-

Amílcar Luis Blanco
14/03/2010

Quedaron en mi casa las hojas amarillas,
en mi casa de infancia,
aquélla que se iba para siempre,
henchida de ambarinos y de ocres
de aromos y retamas de todas las edades,
preñada por los ecos de todos los paisajes,
recóndita y amena;
como una caravana que guardara en la noche
sangres de llamas vivas
de nuestros corazones palpitantes.
Estábamos ahí pero nos íbamos,
mi madre, mis hermanos y mi padre
en idéntico orden doloroso.
Las sonrisas, la higuera y el molino,
las novelas, los versos
y la linterna mágica que huía
a reticentes ámbitos de humo
en un túnel de luz que se poblaba
de sueños y fantasmas.
Eso de estar ahí pero marcharnos
metió puntos de hielo,finísimos carámbanos,
en el ardor de ser de la lectura
incesante del padre,
en el andar ambiguo, adolescente,
de mamá y los hermanos;
siempre atorbellinados,
siempre ausentes,
en los menudos pasos,
en los juegos.
Eso de estar ahí pero marcharnos
Eso de ser el tiempo
Ese no ser del ser
Punge las frentes
Hunde la carne hasta mostrar los huesos

Amílcar Luis Blanco

14/03/2010