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viernes, 12 de marzo de 2010

LA DESPECTIVIDAD QUE NOS CIEGA.- La despectividad es pegajosa y nos ciega. No nos permite ver más allá de nuestras narices porque, al mirar desde nuestro prejuicio despectivo, vemos todo velado, disminuido, borroso, como un ojo con cataratas o con la retina dañada o una cámara con la lente sucia.- Cuando escucho hablar a políticos de la oposición o a la gente quejándose de todo lo que faltaría hacer y el gobierno no hace, jamás mencionan cuáles serían sus propuestas superadoras. No lo hacen porque el preconcepto desde el que hablan no les permite ver con claridad el fenómeno o el objeto que se debería corregir. La actitud de quienes denuestan o denostan nunca es constructiva, pero es, además, defensiva, como si quisieran ocultar el defecto de visión o la falta de claridad en la percepción de los fenómenos; por eso además mienten. Semejante predisposición negativa no se plantea como algo que ellos desean o necesitan porque hubieran esbozado una idea, un diseño propio e imaginativo para solucionar o mejorar aquéllo que estiman que está mal realizado o falta realizar. La realidad es que no saben a ciencia cierta qué es lo que estaría mal realizado o faltaría realizar porque no lo ven con claridad. Entonces se defienden con la crítica, que incluye la tergiversación y la mentira.- Criticar les resulta así cómodo. Basta con demoler, buscar defectos, simplemente negar lo que otros han edificado, diseñado o resignificado con ánimo y entusiasmo. Sarmiento dijo: "...las cosas hay que hacerlas, aunque sea mal, pero hacerlas...".- Una prima de mi padre solía decir: "Las cosas se hacen, haciéndolas" y Perón, ya lo sabemos, "Mejor que decir es hacer y mejor que prometer es realizar". La política verdadera es o debería ser una ética de la acción y no sólo de la contemplación, pero ésta, ontologicamente anterior debe ser desprejuiciada, pura, ingenua si se quiere. Quienes, prejuzgando, pasivamente miran, observan y no hacen, sólo enrarecen la percepción de la realidad con sus comentarios y, en la era mediática, ensucian el espacio, el eter o las ondas que por su transparencia circulan, insuflándoles el veneno de la inercia paralizante de sus denuestos - una mezcla de ignorancias, percepciones distorsionadas, ideales ilusorios y preconcebidos y mentiras defensivas-, que para nada sirven, que a nadie ayudan, ni siquiera a ellos mismos. Los representantes de la oposición no cesan de poner al gobierno palos en la rueda. Todos están contagiados de esa pegajosa despectividad que los ciega y que es, en la mayoría de los casos, sobreactuada, inflada por los ponzoñosos humores de la mentira.- El que miente, como el que dispara, recibe el culatazo de la infamia o la falsedad en el pleno de su conciencia, a menos que la tenga totalmente muerta. Si no es así, cada vez que miente se lastima a sí mismo en primer lugar. O, como a Pinocho le crecía la nariz, comienza a notársele en el rostro, como el que guardaba el espejo de Dorian Gray, el gesto de su hipocresía.