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viernes, 2 de diciembre de 2011

ALMA DE BOHEMIO

Echarse vivo y en silencio al fragor de una causa.
Sentir cada centímetro de soledad sin pausa
cada vez que el torrente fluye fuera del tallo
Lamentarlo en la luz de la sonrisa,
dándole ojos de viento a la menuda brisa
simulando paciencia hasta el desmayo
de todo lo vivido sin ensayo,
hasta la descompensación del equilibrio
del ángulo que somos para el mundo,
inexplicablemente.

Untarse soledad sobre la piel, quitándola de la mirada
o de las comisuras decadentes de los labios marchitos;
de la exhaustiva nada
de los ritos
o de las mismas líneas de la frente henchidas de horizonte,
o del cadalso siempre sibilante y bifronte
arrumbado entre ruinas
hechas de una sustancia de tiniebla superior al hastío
con rubíes de sangres jacobinas
y por eso propensa a levantarse
para irradiar el pánico de nuevo y congelar el frío.
Y la tortura en paz de humanizarse,
sabiéndose tan sucio y vulnerable como el sol del estío.

Amílcar Luis Blanco