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viernes, 14 de septiembre de 2012

SANGRE Y SILENCIO






















“ … y cada cuerpo que tropiezo y trato
   es otro borbotón de sangre otra cadena”

                     Miguel Hernández



 Adónde acomodaste la ternura con la que solías acicalarme
cuando la soledad incendiaba tu angustia
y tus horas caían por los profundos embudos del tedio
y había agujas  sobrevolándote como pájaros de picos ansiosos
Cuando tu ausencia se extendía sin que pudieras contenerla
por todos los rincones de tu casa y tu ciudad y tus días
y eras cuerpo de sangre y nudo de silencio

Dónde guardaste aquéllos menesteres pequeños utensilios
hechos dijes de menudas y aviesas intenciones y ganas
que aturdían la luz en mis oidos y me dejaban mudo y perceptivo
sólo para escucharte imaginando tu opulento glamour
el que solías despacharme sin escrúpulo
sólo para extasiarme y consumirme convertido en manuable marioneta
cuerpo de sangre y sangre y nudo amarillento de rancio silencio

Todo ese amor que alguna vez me propinaste y recibía
en mi víscera franca la que late y sostiene este instante y el mundo
desde su cueva roja y silenciosa de química pulsión y de trabajo
Adónde fue a parar a qué depósito de la invisible nada
donde se cuecen habas y se muelen las joyas de la  sangre encadenadas
las sangres y silencios y silencios
que golpean y muelen el dolor incesante de estar vivos
uno con otro 
uno a otro hueco
y hueco en sangre y sangre y otra vez silencio.


Amilcar Luis Blanco (“Melancolía de un hermoso día” por Giorgio De Chirico)