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martes, 29 de julio de 2014

EL LUGAR ESTA SIEMPRE





El lugar está siempre,
no tiene momento ni medida.
Es ese tango, esa milonga bailados
por los que se fueron de todas las pistas.
Endemoniados bailarines engullidos por la tiniebla.

El encanto desnudo, la eternidad, el instante,
la noria arrepentida que en su rutina gira
y el mundo siendo rueda.
Todo eso queda en otro lado.
La mañana cayéndose en el río,
en un río de cielo y de penumbra.

Y más allá en el bosque, en el sendero,
donde la gente corre para correr sus miedos.
Allí mismo, te estoy esperando.
A veces vivo dentro del espejo
y cuando eso ocurre necesito tus ojos para verme
tus manos palpándome en el cristal azogado.

A veces me cuesta mucho salir a correr,
a contemplar el mundo y a tocarte,
simplemente a tocarte allí donde la soledad te duele.
El lugar del martirio de las ausencias
es también el de los olvidos que se cierran
como las gargantas de los ahogados.

Hay un lugar de muda cumparsita,
implícita claro, en la que bailo contigo
como sobre un disco girando sin fin.
Canta Gardel, bandoneonea Troilo
y Pugliese pianea claros como plenilunios.

Hay un sitio de manos y de abrazos,
de cintura y adiós y pasos elegantes
Un pelo de balcón y de guitarra.
Un lugar que está siempre palpitándonos
Vuelve para sumirnos y cifrarnos en un compás de gratuidad y vano alarde.


Amilcar Luis Blanco  ("Tango", Oleo sobre lienzo de Juan Gatti)